Irlanda del Norte vuelve a asomarse al abismo de la violencia sectaria. Desde primeras horas de la madrugada de este domingo, centenares de vecinos y simpatizantes se han concentrado en diversos puntos de Garvaghy Road, una calle que atraviesa de norte a sur el barrio de mayoría católica de la ciudad de Portadown, para impedir el paso del desfile protestante de los miembros de la Orden de Orange de Dumcree.
El Sinn Féin se pone al frente de las protestas vecinales y exige al Gobierno británico que detenga “esa locura”
Irlanda del Norte vuelve a asomarse al abismo de la violencia sectaria. Desde primeras horas de la madrugada de este domingo, centenares de vecinos y simpatizantes se han concentrado en diversos puntos de Garvaghy Road, una calle que atraviesa de norte a sur el barrio de mayoría católica de la ciudad de Portadown, para impedir el paso del desfile protestante de los miembros de la Orden de Orange de Dumcree.
Una decisión judicial, tomada a las dos y media de la mañana (una hora más en horario peninsular español) dio luz verde a una marcha que llevaba prohibida casi tres décadas, y que fue históricamente el foco de enfrentamientos extremos y de asesinatos terroristas durante los años más tensos de los llamados troubles (disturbios), que asolaron el norte de la isla.
“La policía de Irlanda del Norte debe intervenir para impedir esto. Es una locura. Es un modo primitivo de tratar a una comunidad, en pleno 2026. Es intolerable”, ha reclamado Mary Lou McDonald, la presidenta del partido republicano Sinn Féin, partidario de la reunificación de la isla, que se ha desplazado con urgencia a Portadown para expresar su apoyo a los vecinos. Junto a ella ha viajado la vicepresidenta del partido y ministra principal de Irlanda del Norte, Michelle O’Neill, que ocupa ese puesto desde principios de año. Es la primera vez en la historia del Gobierno autónomo, desde los acuerdos de paz de 1998, que los republicanos controlan la jefatura del Ejecutivo norirlandés.
La Comisión de Desfiles, un organismo semijudicial creado precisamente a raíz de los violentos incidentes provocados en el pasado por el desfile de Drumcree, autorizó finalmente este año que la marcha se reanudara.
A pesar de que su decisión fue revocada por una primera sentencia judicial, un tribunal de apelaciones ha dado luz verde finalmente a los convocantes para que siguieran adelante con sus planes, aunque bajo condiciones muy estrictas. Solo podrían desfilar 35 miembros de la Orden de Orange, y no los 60 que se había solicitado en un principio. No podrían tener acompañantes durante su recorrido, ni utilizar los habituales tambores y otros instrumentos musicales habituales en estos desfiles.
En Irlanda del Norte se celebran anualmente hasta 4.000 de estas marchas, sobre todo en la temporada más calurosa y luminosa, que va de abril a agosto. Los protestantes conmemoran la victoria de Guillermo de Orange sobre el rey católico Jaime II en la batalla de Boyne, en 1690. Durante décadas, muchos de estos despliegues fueron considerados una demostración supremacista y sectaria por parte de la comunidad católica, y muchos de ellos derivaron en serios enfrentamientos violentos.

A medida que se han ido concentrando vecinos y simpatizantes en la calle de Garvaghy Road, cientos de agentes de la Policía de Irlanda del Norte (PSNI, en sus siglas en inglés), con material antidisturbios y vehículos blindados, se preparaban para la posibilidad de violentos enfrentamientos. Con megáfonos, reclamaban insistentemente a los concentrados que despejaran la vía, y les comunicaban que su protesta era ilegal, al no haber sido comunicada previamente a las autoridades.
Pero hasta el momento, la jefatura de la PSNI ha evitado la orden de un desalojo forzoso. Lo que sí ha hecho es comunicar a los participantes del desfile, concentrados en la iglesia de Drumcree, al norte del barrio católico, que no podían comenzar a marchar porque la calle seguía bloqueada. Debían comenzar a caminar a las ocho de la mañana (hora local), pero todo ha quedado paralizado, en una especie de tregua temporal, a la vez que los ánimos de uno y otro bando se han ido caldeando.
Los políticos unionistas que respaldan el desfile han acusado a la ministra principal de Irlanda del Norte, Michelle O’Neill, de saltarse la ley al ponerse del lado de los vecinos que bloquean la calle y respaldar así una manifestación ilegal. Tanto ella como McDonald, la presidenta del Sinn Féin, han reclamado al Gobierno británico de Andy Burnham; a su secretario de Estado para Irlanda del Norte, Chris Bryant; y a la jefatura de la PSNI que revoquen la decisión judicial y prohíban el desfile.
Burnham ha apelado a todas las partes para que mantengan la calma y respeten la ley. Bryant ha negado que tenga la autoridad para frenar el desfile, sobre todo si la PSNI no se lo pide expresamente, algo que no ha ocurrido.
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