La Reserva Federal estadounidense ha decidido este miércoles mantener intactos los tipos de interés. La decisión no es una sorpresa. Hasta 94 de los 100 analistas de referencia de Reuters daban por descontado que no habría endurecimientos monetarios, a sólo una semana de las elecciones legislativas, especialmente a tenor de las discrepancias entre los miembros del Comité Abierto. Una vez más, como parece ya la norma, la decisión no fue adoptada por unanimidad, sino que dos de los 12 miembros votaron a favor de una subida de un cuarto de punto.
La decisión, que una vez más no fue por unanimidad, recalca en todo caso la preocupación por la inflación «y la incertidumbre por la situación geopolítica
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La Reserva Federal estadounidense ha decidido este miércoles mantener intactos los tipos de interés. La decisión no es una sorpresa. Hasta 94 de los 100 analistas de referencia de Reuters daban por descontado que no habría endurecimientos monetarios, a sólo una semana de las elecciones legislativas, especialmente a tenor de las discrepancias entre los miembros del Comité Abierto. Una vez más, como parece ya la norma, la decisión no fue adoptada por unanimidad, sino que dos de los 12 miembros votaron a favor de una subida de un cuarto de punto.
«La actividad económica se expande a un ritmo sólido. Si bien la incertidumbre persiste, en parte debido a la situación geopolítica, el gasto interno se ha mantenido estable. El crecimiento de la productividad es fuerte y la inversión de capital es robusta. La creación de empleo ha seguido el ritmo de la fuerza laboral y la tasa de desempleo se ha mantenido prácticamente sin cambios. La inflación sigue siendo elevada. La recopilación de más información ayudará al Comité a determinar la política adecuada para garantizar que la inflación vuelva a su objetivo del 2 % en el plazo previsto. El Comité garantizará la estabilidad de precios», dice el comunicado oficial en el neuvo estilo de la casa: escueto, directo y con pocas pistas.
La cautela responde a un dilema económico y político. Por un lado está el encarecimiento de la energía, en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas, que ha elevado la inflación interanual de EEUU hasta el 3,7% en septiembre, muy por encima del objetivo del 2%. Por otro, el mercado laboral ofrece señales de enfriamiento, después de que la economía estadounidense creara apenas 29.000 empleos en septiembre, frente a los 162.000 del mes anterior. Subir de nuevo los tipos podría contribuir a contener los precios, pero también encarecería las hipotecas, el crédito al consumo y la financiación empresarial, con el riesgo de frenar la actividad y debilitar el empleo. Y sobre todo, subir tipos ahora provocaría la ira desatada de Donald Trump, justo antes de las Midterms.
Trump escogió a Kevin Warsh como responsable de la Fed con la idea prácticamente única de bajar los tipos de interés. No de no subirlos, sino de bajarlos inmediatamente al menos un par de puntos, pero quizás más. Es lo que se había pasado dos años exigiendo a su predecesor, Jerome Powell, con todo tipo de amenazas y presiones. Warsh, un republicano que había formado parte ya del sistema de la Reserva Federal, parecía estar alineado con la idea, pero sólo mientras no tenía que tomar él decisiones. En cuanto asumió el mando constató cómo los números son clarísimos y cada vez más preocupantes. Tuvo que apretar las condiciones para intentar contener los precios. Pero eso sí, una cosa es subir tipos en septiembre y otra hacerlo justo a una semana de que millones de personas voten para escoger un nuevo Congreso.
El 3 de noviembre los republicanos se juegan el control del las dos Cámaras y el coste de la vida figura entre las principales preocupaciones de los votantes. Pocas cosas tienen un efecto más directo en ello que los tipos de interés, que fijan las condiciones de financiación de hogares y empresas. Una nueva subida habría sin duda intensificado el malestar por la falta de asequibilidad de la vivienda y otros gastos cotidianos. Mantenerlos, sin embargo, tampoco garantiza un alivio inmediato, porque la inflación sigue elevada y los tipos actuales ya condicionan el acceso al crédito.
Normalmente, se espera que los responsables de un Banco Central den buenas razones, contundentes, para explicar por qué suben o bajos los tipos de interés, pero se asume que si toman la decisión de mantenerlos al mismo nivel no es necesario un argumentario especialmente significativo. Las condiciones no han cambiado respecto a la reunión como para justificar un movimiento y siguen a la espera. No es así. Hoy, el mercado, con la deuda pública subiendo de forma generalizada, quería escuchar las razones de Warsh.
Porque la Fed es casi seguro que volverá a subir los tipos antes de Navidad. Es lo que viene pidiendo una mayoría de los miembros de la Reserva. En septiembre dijeron que no habría prisa, pero la senda parece clara. Y ese es uno de los debates más interesantes en la casa ahora mismo. En Banca Central existe en concepto de la forward guidance, esto es, ir anunciando con bastante antelación los movimientos. Decir por ejemplo, tras subir tipos, que se volverán a subir casi seguro en la siguiente reunión. Warsh se opone frontalmente a esta estrategia, pero al mismo tiempo ha visto que no puede domesticar ni a la prensa ni a los inversores. No tiene ese poder, ese carisma, el aura necesaria.
Los miembros del Comité Abierto están discutiendo sobre cuánto deben subir los tipos de interés en los próximos meses pero también sobre cuánta información y con qué tono se debe compartir con el público. Empresas, instituciones y personas toman decisiones con la información asimétrica de la que disponen. Y Warsh quiere que se hable menos, mucho menos. Sin tantos discursos, intervenciones en actos o entrevistas.
En la reunión de septiembre, la Fed decidió de forma unánime subir los tipos, por segunda vez en el mandato de Warsh, un cuarto de punto, hasta situarlas entre el 3,75 % y el 4 %. Los datos de inflación más recientes no han sido nada positivos y la presión se redobla mientras el coste del bono estadounidense sigue en niveles preocupantes. Los precios de la energía siguen al alza por la incertidumbre permanente sobre la guerra con Irán. O más bien, por la creciente sensación, transmitida desde Tel Aviv y la Casa Blanca, de que en cuanto pasen las elecciones legislativas de noviembre en EEUU pueden volver los bombardeos. Además. el aumento de precios de bienes y servicios se mantiene y la inversión disparada en todo lo relacionado con la inteligencia artificial sigue calentándose.
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