Aleksandar Bulajic, estudiante de psicología, de 25 años, camina por el cuartel de operaciones electorales de la Lista Estudiantil, un edificio moderno de oficinas acristaladas, en el barrio de Nuevo Belgrado. Muestra una sala ahora sin gente, solo con ordenadores. Desde ahí, 50 estudiantes recopilaron el domingo 25 de octubre los resultados de las elecciones legislativas de Serbia en 500 colegios electorales, con los que obtuvieron una muestra muy fiable de lo que ocurría en los 8.000 centros del país.
Los universitarios preservaron la unidad pese a sus diferencias, mantuvieron dos años las protestas pacíficas y contagiaron a los ciudadanos la pérdida del miedo
Aleksandar Bulajic, estudiante de psicología, de 25 años, camina por el cuartel de operaciones electorales de la Lista Estudiantil, un edificio moderno de oficinas acristaladas, en el barrio de Nuevo Belgrado. Muestra una sala ahora sin gente, solo con ordenadores. Desde ahí, 50 estudiantes recopilaron el domingo 25 de octubre los resultados de las elecciones legislativas de Serbia en 500 colegios electorales, con los que obtuvieron una muestra muy fiable de lo que ocurría en los 8.000 centros del país.
En la Lista Estudiantil que concurrió a los comicios con 250 candidatos para 250 escaños del Parlamento no hay un solo estudiante. Forzaron la anticipación de los comicios, seleccionaron a los aspirantes entre profesionales de la sociedad civil, desde profesores a deportistas, agricultores y economistas. Y diseñaron la campaña. Pero ninguno de ellos figuró en la papeleta.
Con el 99,4% de las mesas escrutadas —a falta de que se repita la votación este domingo en 50 centros donde hubo irregularidades—, la Lista Estudiantil obtuvo la mayoría absoluta con 141 escaños, frente a los 103 de Serbia Unida, la lista encabezada por el presidente Aleksandar Vucic y su Partido Progresista Serbio (SNS). El resto de escaños se repartirán entre formaciones de minorías étnicas. Los estudiantes derrotaron a Vucic sin presentarse como candidatos.
Maksim Krumes, de 22 años, alumno de contrabajo en la Facultad de Música de Belgrado asegura que habría sido “irresponsable” colocarse en la lista. “Tenemos mucho que aprender en la vida y no podemos gobernar un país”.
La caída de la marquesina en la estación de tren de Novi Sad, a las 11.52 del 1 de noviembre de 2024, llevó a miles de jóvenes a organizar cortes de tráfico diarios a la hora exacta de la tragedia, durante 15 minutos, uno por cada una de las víctimas. Tras cuatro meses en coma, falleció el joven Vukasin Crncevic, de 18 años, la decimosexta víctima. Desde entonces, los cortes pasaron a durar 16 minutos. Mientras tanto, los estudiantes se encerraron en las facultades. “No hubo exámenes durante casi un año”, explica por correo electrónico desde Novi Sad, Boris Kojcinovic, de 24 años, alumno de un máster en Comunicación en la Facultad de Filosofía de esa ciudad. “Comíamos y dormíamos en esas facultades bloqueadas, desde donde nos organizábamos”.
Las decisiones se debatían y votaban en asambleas. Existían posturas muy divergentes y la “toma de decisiones era lenta”, asume Aleksandar Bulajic. “Pero una vez alcanzado un acuerdo todo el mundo lo respetaba y lo defendía. Así nos ganamos la confianza de la sociedad serbia”.
En aquellas asambleas de largas horas de discusiones no ocupó un lugar central la política que se debería adoptar frente a Kosovo. “Es que sobre Kosovo”, explica Maksim Krumes, “no hay debate. Todo el mundo sabe que es parte de Serbia”. Y sobre la relación con Rusia o la Unión Europea, se hicieron evidentes las discrepancias. “Todo, incluso lo más básico e inofensivo, se debatió a fondo. Y esa es la belleza de este movimiento. Y así funciona la democracia”, concluye Krumes.
El papel de las mujeres
Jelena Pravnic, de 23 años, estudiante de Derecho en la Facultad de Derecho de Novi Sad, destaca por videoconferencia que las mujeres desempeñaron un papel decisivo “y a menudo infravalorado”. “Muchas alzaron su voz frente a miembros del Partido Progresista Serbio o a los policías… Yo misma le planté cara a un hombre de dos metros que se presentó en mi facultad para presionarnos. No di un paso atrás”.
Cada estudiante alberga en su memoria un momento clave, emotivo o estratégico. “Para mí”, comenta Kojcinovic, “el gran punto de inflexión llegó en enero del año pasado, cuando matones vinculados al Partido Progresista Serbio atacaron a mi amiga Ana Vucak con un bate de béisbol y le rompieron la mandíbula”. Tras aquel incidente, dimitió el primer ministro serbio, Milos Vucevic, y también renunció el alcalde de Novi Sad, Milan Đuric. Pero Vucic continuó al frente.

Los estudiantes suelen coincidir al señalar que una de las claves del éxito fue la solidaridad constante. “Siempre estuvimos ahí para apoyar a cualquier persona atacada por el régimen”, explica Pravnic. “Si alguien sufría amenazas, presiones o represalias, hacíamos pública su situación, le acompañábamos y le conseguíamos asistencia jurídica”. Para el día de las elecciones habían organizado lo que han llamado “equipos móviles”, que acudían allá donde alguien requiriese ayuda.
El movimiento tuvo varios hitos, como la gigantesca manifestación del 15 de marzo de 2025 en la capital, con unos 300.000 asistentes, o el primer aniversario de la tragedia en Novi Sad, el año pasado. “También hubo momentos”, recuerda Pravnic, “en los que muchas personas creyeron que habíamos desaparecido. Especialmente durante las Navidades o en el verano de 2025. Pero estábamos organizando a la gente, buscábamos candidatos y formábamos voluntarios”.
Derrotados, sin líderes y con espías
El movimiento tuvo claro desde el principio que no habría una cara visible, ningún líder sobre el que el Gobierno pudiera descargar toda la presión y el seguimiento. En Belgrado les espiaban constantemente, según Bulajic. “Todo lo que discutíamos aparecía en los medios afines al Gobierno. Pero a menudo les dábamos información falsa y ellos caían en la trampa”.
A los pocos meses de nacer el movimiento ya activaron la iniciativa “Un estudiante en cada pueblo” y recorrieron el país. “El impacto emocional de ver una marcha llegar a tu propia localidad era extraordinario”, señala Bulajic.
Para este miembro del equipo de campaña, el episodio decisivo aconteció el pasado 29 de marzo, cuando los estudiantes apoyaron a formaciones políticas en unas elecciones locales que se celebraron en 10 municipios y perdieron en todos. Cree que de aquella derrota extrajeron muchas enseñanzas y les sirvió de ensayo general.
Pavle Kovacevic, ingeniero informático, de 22 años, otro de los estudiantes que estuvo asignado al centro de mando electoral, resalta la importancia de aquella derrota: “Aprendí a gestionar el caos y a sacar algo bueno de esa energía. No se puede planificar todo. Esto es una batalla que consiste en saber adaptarse muy rápidamente”.
El día de la jornada electoral sufrieron episodios aislados de violencia contra miembros de la campaña, pero decidieron transmitir normalidad para no desmovilizar al electorado.
Otro de los momentos clave en la lucha, según Bulajic, fue cuando aprobaron en mayo de 2025, dos meses después de perder en los comicios locales, prepararse para unas elecciones legislativas, a pesar de que algunos universitarios creían que no valía la pena, que los comicios estarían amañados.
Sin alianzas con la oposición
Los estudiantes renunciaron esta vez a aliarse con partidos de la oposición. “Ellos habían perdido gran parte de la confianza ciudadana”, explica Kojcinovic. “Durante mucho tiempo la población esperaba que se unieran y diseñaran una estrategia para lograr un cambio político, pero nunca lo consiguieron. Y Vucic hizo todo lo posible para desacreditarlos. Nos apoyábamos mutuamente, pero teníamos que librar esta lucha de forma independiente”, dice este estudiante.
La confección de la Lista Estudiantil se hizo con el máximo sigilo. Querían proteger a los candidatos hasta el final del proceso. “No pronunciábamos los nombres en voz alta”, recuerda Jelena Pravnic. “Los marcábamos con un círculo porque sabíamos que nos estaban escuchando”.
Encargaban sondeos cada pocos meses. Durante la campaña electoral ya disponían de encuestas diarias. “Todas mostraban una ventaja constante para nosotros y una tendencia al alza. Estábamos convencidos de que, si se respetaba la voluntad popular, ganaríamos”, sostiene Kovacevic.
La noche del 25 de octubre ya funcionaban a pleno rendimiento los equipos de comunicación, control electoral, logística, centros de llamadas, análisis de datos, asuntos jurídicos, finanzas y diáspora. “Obtuvimos muy buenos resultados fuera de Serbia. Vucic ha empujado a muchas personas a abandonar el país y queríamos darles la oportunidad de responder”, señala Bulajic.
Bulajic asegura que recibieron 80.000 solicitudes para trabajar como voluntarios en la campaña y al final seleccionaron a 60.000 personas. El domingo, en la sede de los estudiantes en Nuevo Belgrado había entre 200 y 300 activistas trabajando. Además, contaron con centros regionales en las ciudades de Kragujevac, Novi Sad y Nis. ¿Y quién pagó el alquiler de esas oficinas y toda la infraestructura electoral? “Los ciudadanos de Serbia”, responde Kovacevic. “Al principio la gente traía comida, mantas, agua, bebidas… Y después, cuando necesitamos tener una organización más seria fue cuando empezamos a recaudar donaciones”.
El informático Pavle Kovacevic señala que recaudaron “cerca de 2,5 millones de euros”. “Y si miras en nuestro sitio web verás que ninguna donación de personas particulares fue mayor de 2.300 euros o algo así. Ninguna persona individual dio más, y solo una empresa dio alrededor de 5.000 euros. Estoy seguro de que esta fue la campaña política financiada de la forma más transparente en la historia de este país”.

A Kovacevic se le quedó especialmente grabada la conversación que tuvo con el dueño de un local que aceptó alquilárselo para que imprimieran sus folletos. El hombre temía que el establecimiento pudiera ser atacado. Pero aun así decidió cooperar. “Me dijo: ‘Está bien si queman el local, pero por favor avísame un día antes para que pueda sacar mis cosas”.
Kovacevic cree que ganaron laselecciones porque mucha gente dejó de tener miedo. “Pero para que eso sucediera, tenía que haber gente que no tuviera miedo desde el principio. Sin el valor de personas anónimas como ese hombre los estudiantes no habríamos ganado las elecciones”.
Universitarios como Kojcinovic o Pravnic aseguran que cuando se enteraron de que Vucic reconoció la derrota no podían dejar de llorar. Otros, bebieron y bailaron. Ahora están centrados en reclamar la dimisión de los principales directivos de la radio y televisión públicas y de la policía. Y en preparar las presidenciales para el próximo diciembre. Todos los consultados temen que Vucic saque una última carta debajo de la manga.
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