
Paula Sánchez (Pontevedra, 47 años) se encontraba como todos los días frente a su monitor. Había pasado media vida gestionando cuentas, presupuestos y balances. Sabía leer números y anticipar amenazas. Aquella mañana de noviembre de 2025, cuando se topó con un anuncio de una vacante remota en LinkedIn no vio ningún riesgo. Para ella la oferta representaba un ingreso extra, una oportunidad compatible con su vida familiar y su trabajo como responsable administrativa. “Hola”, le escribió desde WhatsApp Sofía Koivu, una falsa reclutadora holandesa de ReSee, una boutique de lujo vintage afincada en París. Un mensaje llevó a otro y, en cuestión de horas, firmó un precontrato para ejercer el cargo de Marketing ranking associate con un salario base de 600 euros. “Solo tienes que ayudar a mejorar el posicionamiento de los productos”, le explicó la mujer. Era un chat más entre tantos, pero sin saberlo, ella estaba dando el primer paso hacia algo que no tenía nada que ver con un empleo.
Las ofertas de trabajo remoto se han convertido en el nuevo anzuelo del cibercrimen a través de redes organizadas que mezclan ingeniería social, criptomonedas y suplantación de empresas reales para vaciar cuentas y desaparecer sin dejar rastro 
Paula Sánchez (Pontevedra, 47 años) se encontraba como todos los días frente a su monitor. Había pasado media vida gestionando cuentas, presupuestos y balances. Sabía leer números y anticipar amenazas. Aquella mañana de noviembre de 2025, cuando se topó con un anuncio de una vacante remota en LinkedIn no vio ningún riesgo. Para ella la oferta representaba un ingreso extra, una oportunidad compatible con su vida familiar y su trabajo como responsable administrativa. “Hola”, le escribió desde WhatsApp Sofía Koivu, una falsa reclutadora holandesa de ReSee, una boutique de lujo vintage afincada en París. Un mensaje llevó a otro y, en cuestión de horas, firmó un precontrato para ejercer el cargo de Marketing ranking associate con un salario base de 600 euros. “Solo tienes que ayudar a mejorar el posicionamiento de los productos”, le explicó la mujer. Era un chat más entre tantos, pero sin saberlo, ella estaba dando el primer paso hacia algo que no tenía nada que ver con un empleo.
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