Dos importantes servicios de estudios han publicado un nuevo balance sobre la marcha de los fondos europeos que confirman datos decepcionantes a pocos meses ya de que acaba el programa Next Generation. Según los cálculos de Funcas y Analistas Financieros Internacionales, España sólo ha gastado 39.000 millones de los 71.366 millones recibidos, lo que supone una ejecución de apenas el 45% en un programa arrancado en 2021. Y queda además por solicitar casi otro tanto, puesto que el Gobierno prevé recibir hasta 103.000 millones tras renunciar a 60.000 a los que tenía derecho en préstamos. En agosto de 2026 debería estar absorbida la totalidad.
Un trabajo de Funcas y Afi relativiza el impacto en el crecimiento y señala que ha apoyado sobre todo a la inversión pública mientras la privada sigue peor que en niveles prepandemia
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Dos importantes servicios de estudios han publicado un nuevo balance sobre la marcha de los fondos europeos que confirman datos decepcionantes a pocos meses ya de que acaba el programa Next Generation. Según los cálculos de Funcas y Analistas Financieros Internacionales, España sólo ha gastado 39.000 millones de los 71.366 millones recibidos, lo que supone una ejecución de apenas el 45% en un programa arrancado en 2021. Y queda además por solicitar casi otro tanto, puesto que el Gobierno prevé recibir hasta 103.000 millones tras renunciar a 60.000 a los que tenía derecho en préstamos. En agosto de 2026 debería estar absorbida la totalidad.
Un problema adicional es el uso del dinero. «El efecto transformador de los fondos en la economía aún no se ha materializado, para lo que sería necesario mejorar la gestión y el diseño de los instrumentos«, afirman Funcas y Afi en su comunicado. Lo argumentan así: «Los fondos han contribuido a sostener la inversión pública, mientras que el impulso a la inversión empresarial ha sido inferior a lo previsto. Este resultado se refleja también a nivel agregado: a finales de 2025, la inversión empresarial se situaba aún 3,3 puntos por debajo del nivel pre-pandemia en términos reales, si bien se ha percibido un reciente repunte«.
Por todo ello, la gran oportunidad histórica de los fondos Next Generation apenas ha contribuido al crecimiento español del Producto Interior Bruto de estos años. «Los fondos europeos explican entre el 10% y el 14% del crecimiento medio anual del PIB entre 2021 y 2025». Es decir, entre un 1,4 y un 2,1% según sus cálculos cuando deberían haber pesado un 3,9%. Para Funcas y Afi este decepción no es sólo española. «La diferencia entre los fondos comprometidos (3,4% del PIB) y su impacto en el avance del PIB (notablemente menor, entre 1,4 y 2,1 puntos) se produce en todos los países y se explica por el efecto sustitución entre financiación pública y privada: algunas inversiones financiadas por el programa se hubieran producido incluso sin esa ayuda, es decir, con recursos de las propias empresas».
Tampoco han servido los fondos para reactivar con fuerza la productividad, pese a que era uno de los objetivos clave. «La productividad refleja un dinamismo todavía limitado. La economía española ha sido la única de las cuatro grandes europeas donde la productividad real por hora habría acelerado, con un crecimiento adicional de 0,4 puntos, frente a las caídas de Alemania, Francia e Italia. Sin embargo, este avance es modesto en términos absolutos y contrasta con la magnitud del estímulo recibido», señala el trabajo.
Entre los problemas para una buena ejecución, se cita la burocracia,. «La tasa de resolución de las convocatorias se sitúa en torno al 60%, lo que pone de manifiesto la existencia de trabas de gestión y de defectos en el diseño de los instrumentos que generan un desfase entre la disponibilidad de ayudas y su traducción en gasto efectivo».
En su opinión, «la gobernanza multinivel ha añadido complejidad. La Administración central gestiona cerca del 60% de los fondos movilizados, las comunidades autónomas el 25% y las entidades locales el 15% restante. Además, los ritmos de ejecución varían de forma considerable entre territorios, reflejo de diferencias en capacidades técnicas, el diseño de convocatorias y la experiencia previa de gestión de fondos europeos».
Funcas y Afi urgen a un rediseño para intentar que los fondos tengan aún efectos transformadores en el futuro aunque concluyan este año.
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