En mitad del desenfreno de un paddock cada vez más sofisticado, rodeado de bicicletas que son odas a la tecnología, de autobuses última generación y ciclistas afilados, Paco Lluna se antoja un personaje de otra época. Lo fue. Por sus manos mágicas pasó Marco Pantani, entre otros, y los ojos se le humedecen al mencionar al malogrado amigo. Ahora lo hace Juan Ayuso, que le recuerda a su hijo, «tienen la misma edad». Un masajista siempre es mucho más, alivia el dolor, pero sobre todo es el recipiente de los desvelos y de las alegrías.
El masajista del ciclista español («es como mi hijo»), ahora en el Lidl-Trek, repasa su amplia carrera en el pelotón y su amistad con el malogrado Pirata: «Era un chaval con un corazón increíble y cuando yo lo necesité…»
En mitad del desenfreno de un paddock cada vez más sofisticado, rodeado de bicicletas que son odas a la tecnología, de autobuses última generación y ciclistas afilados, Paco Lluna se antoja un personaje de otra época. Lo fue. Por sus manos mágicas pasó Marco Pantani, entre otros, y los ojos se le humedecen al mencionar al malogrado amigo. Ahora lo hace Juan Ayuso, que le recuerda a su hijo, «tienen la misma edad». Un masajista siempre es mucho más, alivia el dolor, pero sobre todo es el recipiente de los desvelos y de las alegrías.
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