Primero fue Australia y ahora toma el testigo Reino Unido: la prohibición de las redes sociales para menores de 16 años va camino de convertirse en el próximo cartelito contra el tabaco. Dicho de otro modo, el consenso entre la comunidad científica es tan aplastante y los efectos en el deterioro mental de los chavales tan obvio que lo raro será que en una década queden entre los países más avanzados gobiernos refractarios a endurecer el acceso a plataformas como las que administran Meta (Facebook, Instagram), Elon Musk (X) o los chinos de ByteDance (TikTok).
Prohibir el acceso a las redes a menores de 16 años podría significar que los días de manga ancha para Facebook, Instagram, X o TikTok llegan a su fin. ¿Es hora de reformular la industria del ocio digital
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Primero fue Australia y ahora toma el testigo Reino Unido: la prohibición de las redes sociales para menores de 16 años va camino de convertirse en el próximo cartelito contra el tabaco. Dicho de otro modo, el consenso entre la comunidad científica es tan aplastante y los efectos en el deterioro mental de los chavales tan obvio que lo raro será que en una década queden entre los países más avanzados gobiernos refractarios a endurecer el acceso a plataformas como las que administran Meta (Facebook, Instagram), Elon Musk (X) o los chinos de ByteDance (TikTok).
El veto del gobierno del primer ministro Keir Starmer va más allá de las redes y coge el toro por los cuernos de las cloacas digitales. Vigente a partir de enero, la ley también obstaculizará que los niños hablen con extraños cuando participen en partidas online y streamings en directo, y bloqueará un fenómeno en auge: las relaciones pseudo-románticas con chatbots.
En septiembre del año pasado, el Congreso de los Diputados dio luz verde a debatir el anteproyecto de ley orgánica para proteger a los menores en entornos digitales. La futura norma sigue en fase de tramitación y exigirá para su aprobación una mayoría absoluta de votos, es decir, la mitad más uno de los 350 escaños que componen el hemiciclo. Esas matemáticas convierten potencialmente a PSOE y PP en compañeros provisionales de cama. De cuajar, dicha ley convertiría a España en otra clara prueba de una tendencia jurídica donde los días de manga ancha para algunas de las big tech mundiales pasan a peor vida.
En los últimos tiempos ha habido de todo en la industria de las redes sociales. Desde la conversión de Substack, que en sus arranques y hasta su ronda milmillonaria pretendía ser un oasis para escritores y creadores de contenido sin los peajes del scroll infinito, el algoritmo caprichoso y la twitterización de las publicaciones, hasta la aparición de Applaudable, basada en grupos dispuestos a compartir intereses y conocimientos más que likes y seguidores. Desde 2022 hasta 2024 han debutado con más o menos éxito (casi siempre menos) otros proyectos que plantean una enmienda a la totalidad del modelo hegemónico. Entre ellos destacan Bluesky (patrocinada inicialmente por Jack Dorsey, ex de Twitter), Noplace (centrada en el texto) y Lapse (una reinterpretación de Instagram). Por haber, hay hasta redes pensadas para agentes de IA y sin intervención humana. Es el caso de Moltbook.
El CEO de Applaudable, Andrew Christodoulides, lo explicaba en estas páginas el pasado febrero: lo que la gente anhela es un regreso a aquel tiempo primaveral donde uno utilizaba Facebook para reencontrarse con sus amigos de la EGB o mantener el contacto con ese compinche conocido durante un viaje por la Patagonia. Además, tal y como hoy operan, esos entornos son un caldo de cultivo para noticias falsas, campañas de odio y desprestigio, abusos escolares y polarización. Por no hablar del problema de la publicidad hipersegmentada, al que Bruselas intenta poner coto con multas multimillonarias pero que todavía permite que alguien que hablaba por teléfono con su pareja sobre un problema auditivo reciba casi de inmediato en alguna de sus cuentas de redes un anuncio sobre audífonos u otorrinos.
La cuestión fundamental, y no aclarada aún, es qué ocurriría si las prohibiciones se suceden en cascada. Con la lógica en la mano, y siendo tan listos los mandamases de Silicon Valley, lo normal es que acepten que deben cambiar de planteamiento. ¿Cómo? Moderando de verdad contenidos, expulsando a quienes operan desde las sombras a la caza de víctimas propiciatorias, transformando su esquema publicitario… es decir, negando lo que son hoy para poder sobrevivir mañana. Un jardín limpio, sin intrusos, con las mismas funcionalidades de comunicación que han permitido a tantos usuarios mantenerse cerca aun estando lejos y, por qué no, recurriendo al eterno modelo de suscripción ya presente en la industria de los videojuegos, el SaaS, plataformas de series y películas como Netflix, HBO y Filmin, aplicaciones móviles, fabricantes de automóviles y comida para mascotas, gimnasios y aseguradoras.
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