Invertir no es solo cosa de ricos… y en ello anda Europa, tratando de remover una mentalidad de décadas para movilizar el dinero desde cuentas bancarias hacia lugares (acciones, bonos, fondos, etc.) más rentables. Y es un reto. Tanto, que cuesta creer que podrá conseguirse a nivel europeo y nacional porque -recordemos- la UE propone, pero no obliga y todo depende de la voluntad de cada estado. Con ejemplos en países vecinos como Francia, Italia, Reino Unido o Suecia, España se enfrenta ahora al reto de crear una suerte de ‘sicavs para el populacho’ que sean -esta vez sí- atractivas y logren canalizar el ahorro hacia la inversión. Lo necesitamos, ante un reto de las pensiones mayúsculo; el gran elefante en la habitación del que todo el mundo habla en el sector financiero y que nadie aborda en el lado político y legislativo de la historia.
El Tesoro contempla conceder beneficios fiscales a quienes utilicen la futura cuenta de ahorro española. El Gobierno trabaja en ello, sin fecha concreta. Antes debe lograr el respaldo del Congreso y esto se ve difícil desde el sector financiero
Invertir no es solo cosa de ricos… y en ello anda Europa, tratando de remover una mentalidad de décadas para movilizar el dinero desde cuentas bancarias hacia lugares (acciones, bonos, fondos, etc.) más rentables. Y es un reto. Tanto, que cuesta creer que podrá conseguirse a nivel europeo y nacional porque -recordemos- la UE propone, pero no obliga y todo depende de la voluntad de cada estado. Con ejemplos en países vecinos como Francia, Italia, Reino Unido o Suecia, España se enfrenta ahora al reto de crear una suerte de ‘sicavs para el populacho‘ que sean -esta vez sí- atractivas y logren canalizar el ahorro hacia la inversión. Lo necesitamos, ante un reto de las pensiones mayúsculo; el gran elefante en la habitación del que todo el mundo habla en el sector financiero y que nadie aborda en el lado político y legislativo de la historia.
Camino ya del medio siglo de vida en EEUU se creó en 1980 la figura de las cuentas 401 (K), rebautizadas por la prensa salmón de la época como las ‘sicavs para pobres’. El objetivo era sencillo: proveer de una pensión a los futuros jubilados, aunque décadas después tiene muchos detractores. Uno de ellos es el ilustre Elon Musk, más de moda que nunca por llevar a cotización a SpaceX el pasado viernes; la mayor salida a bolsa jamás vista.
Entonando aquello de ‘Europa quién te ha visto y quién te ve’ ante un cambio de discurso y de mentalidad mayúsculo desde que el informe Draghi y el elaborado por Letta vieron la luz en 2024, la labor no es menos ardua por mucho que la nueva narrativa esté de su lado. La idea principal desde el punto de vista de los mercados es que Europa necesita financiación si quiere lograr una independencia tecnológica, financiera o de defensa en un mundo donde los nacionalismos y la polarización de la sociedad van en aumento. Se calcula que se necesitan unos 0,8 billones de euros al año hasta 2030 para cumplir con estos objetivos, a lo que se suma el retraso que acumula la UE desde la gran crisis financiera de 2008 en lo que a gasto público se refiere. El ex presidente del BCE, Mario Draghi, entiende que se deb destinar el equivalente al 27% del PIB comunitario a crear esa nueva Europa, frente al 22% actual para compensar ese gap de financiación.
¿Y de dónde llegará todo ese dinero? Parte del sistema bancario, otro tanto de las entidades no financieras y el resto de los hogares y empresas; al menos sobre el papel. La cifra que resuena en las cabezas es la de cerca de 10 billones de euros depositados por las familias en su cuenta bancaria, donde su ahorro se ve mermado por la inflación. En total, apunta el informe, los hogares cuentan con cerca de 35 billones de ahorro, un tercio de los cuales está viendo la vida pasar en el banco. Y hay otro aspecto importante: la gran transferencia de dinero que está por venir de padres (los más ricos de la historia) a sus hijos. «El reto es mayúsculo, ante el impacto combinado del cambio demográfico y de una transferencia masiva de recursos que, de aquí a 2030, cambiará de manos cerca de 3,5 billones de euros en Europa», recuerda Alfonso Tolcheff, CEO de ING en España, que lidera una entidad que prevé lanzar su banca privada después del verano.
El BCE calcula que cerca de 350.000 millones al año podrían redirigirse hacia inversiones más rentables, y esto ya es la mitad del dinero que se necesita para construir esa nueva Europa. Y las familias en todo ello jugarán un papel clave. Con datos del banco central, los hogares comunitarios tienen un ahorro equivalente a casi el 15% de la renta disponible, unos 3 puntos por encima de los años previos a la pandemia, cuando se tocó máximos (sobre el 20%). Quienes ahorran (que no son todos, hay que recordarlo) no saben qué hacer con su dinero porque, dicen, falta educación y también instrumentos e incentivos para hacer que la familia Pérez mueva los 100.000 euros que tiene en su cuenta bancaria a un producto que le dé algo y le sirva para ir generando rentas de cara a su jubilación. Para ello deberían saber que solo con haber comprado una cesta de acciones en los 2000 y haberlas mantenido en el tiempo -sin hacer más- habrían logrado una rentabilidad neta del 5,6% cada año desde entonces, según cálculos de JP Morgan AM.
El Gobierno trabaja desde hace meses con distintos agentes financieros para dar a luz a dos iniciativas: una cuenta de ahorro y el sello ‘Finance for Europe’ que distingue iniciativas para firnanciar a compañías europeas. En enero se hizo una consulta pública y la previsión es que antes del verano el Tesoro Público, quien capitanea esta iniciativa, presente una propuesta concreta. A partir de ahí, el Ejecutivo deberá llevar la cuenta de ahorro al Congreso para su reprobación, algo complicado teniendo en cuenta «la incertidumbre», nos dicen fuentes del sector, que rodea al Gobierno, envuelto en escándalos de corrupción.
¿Qué podría aprobar España? La base está clara: un producto en el que se prime la inversión en Europa (con, al menos, el 70% del capital), un horizonte de inversión a cinco años y fomentar la inversión en bolsa.
¿Dónde se está mirando? El espejo con el que compararse son, sin duda, Suecia o Reino Unido. Aunque hay más ejemplos. El caso de la cuenta sueca ISK es prometedor por la gran acogida que ha encontrado entre los ciudadanos, aunque desde la patronal de fondos de inversión, Inverco, se inclinan más por el modelo inglés, donde está exento de tributación plusvalías y dividendos, mientras que en Suecia se paga el 1% mensual del importe en cuenta, incluso aunque se esté en pérdidas.
La ‘ISSA‘ (o ‘Indiviual Savings Special Account‘) lleva funcionando desde antes del arranque del siglo XX, con mejoras recientes. Tiene distintas modalidades: para invertir en depósitos y cuentas remuneradas; otra en acciones, fondos de inversión, bonos públicos y privados… El límite máximo de aportación anual es 20.000 libras (unos 23.000 euros), aunque no marcha tan bien como se esperaba, ya los británicos la utilizan más bien a nivel depósito y no para invertir.
En Francia existe la denominada ‘PEA’ (‘d’Épargne en Actions’). Ha tenido menos éxito que sus comparables británico o sueco por todas las limitaciones que impone para que los hogares puedan beneficiarse fiscalmente de ella. Existen dos modelos, que permiten conjuntamente invertir hasta 225.000 euros. Quien invierte a través de estas cuentas no paga impuestos por ganancias en bolsa ni por dividendos; ahora bien, debe esperar cinco años porque si no la tributación pasa a ser del 30%.
En Italia funciona desde 2020 el ‘PIR’ (‘Piani Individuali di Risparmio’), similar a la cuenta francesa, pero con más limitaciones tanto geográficas como a nivel fiscal. A cierre de 2023, según un informe elaborado por Bolsas y Mercados Españoles (BME) acumulaba 19.000 millones de euros en ahorro de los italianos. La aportación máxima permitida es de 40.000 euros al año, hasta un máximo de 200.000 euros por persona. Los expertos aseguran que tiene mucha letra pequeña que hace difícil que se popularice: «al menos el 70% del valor total del plan debe estar invertido, durante al menos dos tercios del año, en instrumentos financieros (acciones, bonos, etc.) de empresas residentes en Italia o en otros países del Espacio Económico Europeo con presencia estable en Italia, Dentro de ese 70%, al menos el 25% debe estar invertido en instrumentos de empresas que no estén incluidas en el índice FTSE MIB de la Bolsa italiana, etc», señala BME en el documento.
Más allá de Europa, en Canadá existen las denominadas ‘Tax Free Savings Account‘ (o ‘cuenta libre de impuestos’). Nacidas justo después de la gran crisis financiera, en 2009, son un ejemplo a seguir que sale a la palestra en cada foro de inversión donde se discute cómo incentivar la inversión en Europa. Quienes las usen pagan un 1% al mes sobre el saldo en cuenta. Las aportaciones están limitadas anualmente, con un máximo de 7.000 dólares canadienses (unos 4.340 euros al cambio) y no se puede tener más de 102.000 dólares canadienses, algo más de 63.300 euros. No se tributa por plusvalías ni por dividendos y se puede rescatar en cualquier momento.
El Tesoro ha reconocido, públicamente, la necesidad de incluir beneficios fiscales si se quiere construir una cuenta que sea atractiva y popular entre los españoles; aunque se duda de si la parte más a la izquierda del PSOE respaldará una iniciativa de este calado.
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