Después de llevar horas sonriendo y contando a los periodistas la historia de su padre, Daria Palí, de 16 años, entró en shock y empezó a llorar sin parar. Había visto a Mijáilo, su padre, a través del vidrio de uno de los autobuses que en ese momento hacían su entrada al punto designado por las autoridades ucranias, cerca de la frontera con Bielorrusia, para recibir a cientos de personas que fueron evacuados de la población ucrania de Oleshki, en la provincia de Jersón, bajo ocupación rusa desde 2022 y víctima de un bloqueo en el suministro de alimentos y medicinas que había hundido el municipio en una gran crisis humanitaria. La operación ha sido posible gracias al acuerdo de alto el fuego y evacuación alcanzado el pasado día 23 entre Ucrania y Rusia con la mediación de Estados Unidos.
Varios cientos de desplazados llegan a Ucrania tras pasar por Rusia y volar a Bielorrusia en una operación coordinada entre Kiev y Moscú Relato del infierno en la ciudad ucrania de Oleshki: “Apenas salía de mi casa, no teníamos comida, solo unas alcachofas” | Internacional | EL PAÍSIr al contenido
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Varios cientos de desplazados llegan a Ucrania tras pasar por Rusia y volar a Bielorrusia en una operación coordinada entre Kiev y Moscú
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Después de llevar horas sonriendo y contando a los periodistas la historia de su padre, Daria Palí, de 16 años, entró en shock y empezó a llorar sin parar. Había visto a Mijáilo, su padre, a través del vidrio de uno de los autobuses que en ese momento hacían su entrada al punto designado por las autoridades ucranias, cerca de la frontera con Bielorrusia, para recibir a cientos de personas que fueron evacuados de la población ucrania de Oleshki, en la provincia de Jersón, bajo ocupación rusa desde 2022 y víctima de un bloqueo en el suministro de alimentos y medicinas que había hundido el municipio en una gran crisis humanitaria. La operación ha sido posible gracias al acuerdo de alto el fuego y evacuación alcanzado el pasado día 23 entre Ucrania y Rusia con la mediación de Estados Unidos.
Su madre, Yana, de 60 años, y su hermana Lisa, de 19 años, la abrazaban fuerte conteniéndola para que no corriera entre el resto de vehículos, entre ellos más de una docena de ambulancias, que empezaban a estacionarse. Cuando ya no corría peligro de ser atropellada, Daria logró dirigirse a la puerta del autobús que todavía no abría. Al otro lado estaba Mijáilo, que cubría la cabeza con una gorra y a quien se le notaba que llevaba varios días sin afeitarse. Fue el primero en descender, se lanzó hacia ella y luego hacia sus otras dos mujeres al mismo tiempo. “Papá, papá, viniste”, gritaba Daria.
Los evacuados de Oleshki regresan a Ucrania: «Vemos momentos de felicidad»
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Los evacuados de Oleshki regresan a Ucrania: «Vemos momentos de felicidad»
La familia no se reunía desde el año 2024 cuando Mijáilo obligó a las tres mujeres a abandonar Oleshki, en el sur del país. Para entonces, un vecino de la familia había muerto en un ataque cerca de su casa. Él decidió quedarse porque, según argumentó, tenía que cuidar de los animales de la familia.
“Mi hermana y mi madre tenían la certeza de que vendría, pero no me lo querían contar”, confesó momentos más tarde Daria, cuando se encontraba junto con su padre en el interior de una de las carpas militares instaladas para acoger a los recién llegados después de un viaje larguísimo que habían empezado 24 horas antes en la misma Oleshki.

Cientos de ciudadanos ucranios de esta localidad han realizado un largo trayecto en autobús a través de territorio ucranio ocupado por el ejército ruso hasta Krasnodar Krai, en el suroeste de Rusia. Posteriormente volaron rumbo a Bielorrusia, desde donde cruzaron la frontera a Ucrania a través de la provincia de Chernihiv.
El momento de la llegada a Ucrania fue impactante para muchos, especialmente para los más mayores que se veían perdidos. Les costaba entender lo que estaban viviendo. Con el paso de los minutos, muchos empezaron a abrazarse entre ellos. Otros hacían lo mismo con los periodistas que querían oír sus historias o con los integrantes de la oficina del Defensor del Pueblo de Ucrania, Dimitro Lubinets, que después de coordinar la misión humanitaria en Oleshki, regresó con ellos.
Muchos no pudieron evitar las lágrimas, como Natalia, de 55 años, que empezó a contar su historia después de bajarse del autobús. “Apenas salía de mi casa, no teníamos comida, solo unas alcachofas”, dijo. Contó que tiene problemas del corazón, fue herida en un ataque meses atrás, pero nunca pudo recibir tratamiento porque no hay asistencia de salud. “Mucha gente decidió quedarse, pero la mayoría son viejos que no tienen nada más que sus casas y decidieron que ese era el lugar donde querían estar”, explicó Natalia. Su mayor ilusión ayer era reunirse con su marido al que no veía desde hacía cinco años.
Quienes bajaban de los autobuses, como Natalia, contaban uno tras otro el infierno que vivieron en los últimos años y que se hizo aún más duro, desde la primavera cuando las rutas de acceso fueron minadas por las fuerzas rusas y el asedio de los drones hizo prácticamente imposible entrar y salir de la ciudad, ocupada por Moscú desde el comienzo de la invasión a gran escala en 2022. A las condiciones de vida precarias como consecuencia de la destrucción de la ciudad, la ausencia de servicios de salud, y la falta de electricidad, agua y otros servicios básicos, se sumó la imposibilidad de acceder alimentos, medicinas y cualquier ayuda humanitaria.
La oficina del Defensor del Pueblo de Ucrania llevaba meses denunciando una “emergencia humanitaria” en la zona y alertando de que decenas de personas podían morir de frío e inanición durante el invierno sino se actuaba rápidamente como sucedió en los últimos días cuando por intermediación de Melania Trump, la primera dama de Estados Unidos, Rusia y Ucrania acordaron los términos de una tregua y una “misión humanitaria” que ha estado rodeada por las dificultades.
“Sacar este acuerdo adelante es muy difícil y no queremos que nada salga mal porque necesitamos repetir más misiones como estas en el futuro”, advirtieron desde la oficina del Defensor del Pueblo, donde recalcan que es una “misión humanitaria” y no netamente una evacuación.
“La ayuda humanitaria ha llegado, la gente está ahora en camino”, informó Lubinets tras salir este viernes de Oleshki, donde coordinó el inicio de la evacuación junto a la defensora del pueblo de Rusia, Yana Lantratova. Tres días antes había comenzado un cese al fuego en la zona que para muchos ha sido histórico y que llevó la tranquilidad a ciudades como Jersón, la capital de la provincia, que vive bajo asedio constante desde que Rusia se retiró en noviembre de 2022 como consecuencia de la presión de las fuerzas ucranias.
Desde entonces, Jersón ha estado bajo el fuego de la artillería, bombas guiadas, pero especialmente de drones que realizan permanentemente lo que se ha llamado como un “safari humano”. Muchos de esos ataques se realizan desde Olsehki, al otro lado del rio Dnipró, que pasó a estar en el frente de batalla.
Durante las primeras 72 horas del cese de hostilidades el ejército ruso, única fuerza presente, se llevó a cabo el desminado de las vías. Una vez dentro de Olsehki se distribuyó la ayuda y se procedió con la evacuación de quienes decidieron abandonar la ciudad. Tras varios kilómetros, los grupos se dividieron, una caravana se quedó en territorio controlado por Moscú y la otra siguió el camino al aeropuerto de Anapa, en Krasnodar Krai.
Lubinets contó este sábado que cada uno de los residentes pudo escoger si quedarse en la ciudad, viajar a territorio controlado por Ucrania o ir a Rusia. “Personalmente hablé prácticamente con cada persona y algunos dijeron: no, queremos estar”, dijo. “Hubo también quienes dijeron que querían ir a territorio de la Federación Rusa. Yo les contestaba: esa es su elección. Estamos listos para asistirlo”, confesó.
Hasta el momento no se conoce cuántas personas decidieron quedarse en Oleshki ni cuantas decidieron quedarse en otras poblaciones ucranias ocupadas por Rusia donde muchos tienen familia. Ucrania tampoco ha hado el número exacto de los que regresaron, pero por lo visto este sábado fueron unos cientos de ellos. También se incluyen más de un centenar de mascotas que viajaron en guacales, algunos, y otros junto a sus dueños. Lo animales estaban asustados y muchos estaban bastante delgados. “Ellos también son parte de las familias”, dijo Natalia que agradeció el esfuerzo hecho por las autoridades para evacuar a las mascotas.
“La prioridad sigue siendo la misma: la seguridad de la gente, llevar ayuda humanitaria y la creación de condiciones para que la gente de Oleshki pueda ser evacuada”, aseguró en un comunicado la oficina del Defensor del pueblo que tuvo que explicar por qué Lubinets había aceptado viajar a territorio de la federación rusa y no lo había hecho cruzando las líneas del frente de batalla. “Debido a la situación y a la necesidad de acelerar la misión y hacerla más segura, el defensor aceptó viajar vía territorio ruso”, explicó.
“No fue fácil; les contaré los detalles más adelante. Sin embargo, su presencia física —en referencia a Lantratova en Oleshki— fue precisamente lo que nos permitió llegar a Ucrania sanos y salvos”, dijo Lubinets que aseguró que los resultados vistos hasta ahora sorprendieron a todos, incluido a los estadounidenses. “Los acontecimientos de hoy demuestran una vez más que, si el tema de las negociaciones se aborda de manera seria y sistemática, puede conducir a una tregua en las hostilidades, aunque sea breve”, señaló.
Olga, de 53 años, viajó junto con su marido, su hijo y su madre. Contó que la mayoría de los evacuados pasaron mucho miedo durante el viaje de regreso pues temían que en algún momento los rusos fueran a filtrar a los hombres y se los llevaran. “Solo descansé cuando cruzamos la frontera de Ucrania”, confesó.
Junto a la carpa de la organización World Central Kitchen, donde se tomaban un café, la periodista Maria Semenshenko abrazaba a su tío Eslava, de 56 años, que tenía una bandera de Ucrania en el cuello. Horas antes había contado que una de las últimas veces que habían hablado, él le había dicho que estaba seguro que no sobreviviría el invierno. “Me contaba que a veces en las noches soñaba con un helado”, relató Marta que tenía su mochila llena de chocolates para darle.
“Ya se comió alguno”, confesó. Con una mano sostenía el café y con la otra abrazaba a su tío. “No pude evacuar antes porque no tenía documentos. Los rusos los destruyeron al comienzo [de la invasión a gran escala]”, contó el hombre que tiene que caminar con la ayuda con muletas. Esto hacia aún más difícil su supervivencia. Contó que, irónicamente, en los últimos días, algunos pobladores se habían organizado para lograr introducir un poco de comida y tener algo con que comer en el invierno. “Se las dejamos a los que se quedaron, que en su mayoría son viejos y dijeron que morirían en sus casas”, explicó Eslava, que no pudo contener las lágrimas.
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