Nadie habló de la economía en las elecciones del martes en Israel. El país que inició la guerra de Oriente Próximo está sufriendo sus efectos mucho menos que otros. De hecho, el crecimiento previsto para 2026 es del 5,6%, la inflación es del 1,6%, y los tipos de interés han bajado cinco veces en un año. Aquí van algunas razones. 1) Israel extrae su propio gas natural, en el Mediterráneo, que vende en el mercado interior en contratos a largo plazo, que no se han visto afectados por las fluctuaciones del precio del LNG. 2) Más del 40% del crecimiento de su PIB se genera fuera del país, gracias a sus empresas tecnológicas. 3) Tel-Aviv tiene el equivalente del 34,2% del PIB en reservas de divisas, lo que le permite defender su moneda, el shekel. 4) Solo este año, EEUU ha dado unos 4.000 millones de dólares en subvenciones a fondo perdido a la defensa israelí, a la que deben sumarse varios miles de millones más de los que aún no se conocen los detalles.
Análisis de las tendencias mundiales que, tarde o temprano, afectarán a su bolsillo.
Nadie habló de la economía en las elecciones del martes en Israel. El país que inició la guerra de Oriente Próximo está sufriendo sus efectos mucho menos que otros. De hecho, el crecimiento previsto para 2026 es del 5,6%, la inflación es del 1,6%, y los tipos de interés han bajado cinco veces en un año. Aquí van algunas razones. 1) Israel extrae su propio gas natural, en el Mediterráneo, que vende en el mercado interior en contratos a largo plazo, que no se han visto afectados por las fluctuaciones del precio del LNG. 2) Más del 40% del crecimiento de su PIB se genera fuera del país, gracias a sus empresas tecnológicas. 3) Tel-Aviv tiene el equivalente del 34,2% del PIB en reservas de divisas, lo que le permite defender su moneda, el shekel. 4) Solo este año, EEUU ha dado unos 4.000 millones de dólares en subvenciones a fondo perdido a la defensa israelí, a la que deben sumarse varios miles de millones más de los que aún no se conocen los detalles.
Perder bastante para no perderlo todo. Ese es el dilema de Occidente en el siglo XXI. Porque, si queremos producir aquí las materias primas críticas que nos llegan de China, vamos a tener que dar marcha atrás en nuestra estrategia económica desde los ochenta. O sea: resucitar la minería y la industria pesada que, además, son menos competitivas aquí que en China. Por eso, sorprenden frases como la del enviado presidencial francés para Minerales Estratégicos y Suministro de Minerales, Benjamin Gazellott (sería bonito que España tuviera un cargo similar, y con los mismos poderes), que dijo el miércoles que la dependencia de Occidente de China podría reducirse considerablemente «en un plazo de tres a cinco años». Gazellott parece haber realizado un ejercicio de optimismo, si se tiene en cuenta que la propia UE compra a China el 76% de sus minerales estratégicos, y su objetivo de recortarlo al 65% en 2030 requerirá 49.000 millones de euros de inversión.
Rusia está creando Rassvet (Amanecer), una red de satélites de telecomunicaciones en órbita baja; es decir, su propio equivalente de Starlink, de Elon Musk. Rassvet mejorará extraordinariamente las comunicaciones de las fuerzas rusas en Ucrania y darle la vuelta a la guerra. De hecho, pese a que aún no es plenamente operativa, Rusia ya la ha empezado a usar en los territorios ucranianos que ocupa. Su aparición ha provocado escalofríos en Kiev, en particular, y en toda Europa, en general, porque en el Viejo Continente lo más parecido a Starlink es la francobritánica OneWeb, mucho más pequeña y menos eficaz. Pero, afortunadamente para Ucrania, Rassvet es un proyecto ruso. Eso significa que está sufriendo atraso tras atraso, hasta el punto de que es imposible saber si va a llegar a ser plenamente operativa. Por ahora, ni uno solo de sus 37 satélites en órbita ha alcanzado la altitud de 810 kilómetros a los que en teoría deberían situarse para ser operativos.
La reelección de Lula en las elecciones de Brasil no es solo una mala noticia para Donald Trump sino, también, para las Big Tech. O, al menos, para las redes sociales. El presidente brasileño va a dirigir el país mientras las autoridades electorales investigan a Meta y a X por presuntamente ayudar a su rival, Flávio Bolsonaro; las de defensa de la competencia, a la primera de ellas por posible abuso de posición dominante; y la Justicia aplica una regulación que aumenta la responsabilidad de las redes sociales en los contenidos colgados en ellas por sus usuarios. Además, Meta está siendo investigada para que abra WhatsApp a Inteligencia Artificial de terceros. Pero no todo va a ser malo para Silicon Valley. Lula quiere reducir la dependencia tecnológica brasileña del exterior y ha ofrecido grandes incentivos a las empresas estadounidenses dueñas de esas redes (más otras como Amazon) para que abran centros de datos de IA en el país.
El made in Europe -la propuesta de la UE para proteger a los productos fabricados en el bloque de las importaciones chinas- se ha convertido en una amenaza para el Reino Unido. Londres está fuera de la UE y, por tanto, sus exportaciones a su principal socio comercial van a sufrir por esa norma, que el primer ministro británico, Andy Burnham, ha tratado, sin éxito, de convencer a sus socios europeos de que debe ser modificada. Pero ahora las dos potencias de la UE, Francia y Alemania, ha planteado un posible trato a Londres: sus productos serán considerados europeos siempre y cuando el Reino Unido adopte los aranceles comunitarios contra China. La idea es interesante para Burnham, porque sustenta su idea de llegar a acuerdos lo más estrechos posibles con la UE. Y le permite exponer de la forma más cruda la paradoja del Brexit: para conservar intacto su acceso al mercado de la UE, los británicos tendrán que aplicar normas que no han votado.
Uno de los problemas de la defensa europea es la idea de los campeones nacionales, que defiende que haya una empresa líder por sector y país, con lo que al final ninguna tiene tamaño para competir globalmente. La respuesta, crear grupos paneuropeos, es una tarea casi imposible. Así lo ilustra el plan del Gobierno alemán de comprar el 50% del capital de KNDS, el mayor fabricante de medios pesados de la UE, entre cuyos productos están el tanque alemán Leopard y el francés Leclerc. El 50% de KNDS es del Estado francés y el otro 50%, de varias familias alemanas y, en junio, Berlín y París pactaron que el Estado alemán se hiciera con el 40% y el francés bajara a ese nivel su participación, para sacar así el 20% restante a Bolsa. Pero ahora las Bolsas europeas están en un momento de incertidumbre, y Berlín parece haber decidido que quiere la mitad de la empresa y luego ya se verá si el 20% sale a Bolsa. KNDS puede quedar como una empresa de dos Estados.
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