No hubo ni rastro en los comunicados oficiales de la Presidencia de Argelia sobre el acuerdo político que Moncloa aseguró que se había alcanzado para elevar el suministro de gas a España.
El Gobierno tendrá que trabajar para que fructifique el viaje de Sánchez a Argel, porque su bipolaridad con el gas desconcierta al proveedor magrebí.
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No hubo ni rastro en los comunicados oficiales de la Presidencia de Argelia sobre el acuerdo político que Moncloa aseguró que se había alcanzado para elevar el suministro de gas a España.
La agencia oficial argelina sí informó del buen tono del presidente del país, Abdelmadjid Tebboune, con Pedro Sánchez tras las descalificaciones del pasado y de su deseo de fortalecer las relaciones, pero sin compromiso alguno de exportar más gas.
Esta contradicción coincide con la bipolaridad que existe en Moncloa respecto al gas y que desconcierta en Argel. Por un lado, Sánchez se muestra consciente de que España necesita, para su seguridad energética, aprovechar más el único gasoducto operativo que la conecta con Argelia, el Medgaz. Este garantiza estabilidad de suministro y un mejor precio que el gas licuado transportado por metaneros. La presencia en el viaje oficial de primeros espadas de Naturgy, Repsol, Enagás o Moeve muestra el claro interés económico que tiene el sector español por el gas argelino. Y Sánchez, a diferencia de otros líderes europeos en Argel, sólo pidió un aumento de hasta el 15% del suministro de gas.
Sin embargo, al mismo tiempo, la vicepresidenta tercera del Gobierno, Sara Aagesen, ha figurado entre las responsables que más han apoyado en Bruselas el estricto Reglamento de la Unión Europea 2024/1787 sobre emisiones de metano, que, según el ministro argelino de Energía, Mohamed Arkab, perjudica las exportaciones de gas de Argelia. Este se reunió con Aagesen durante la visita de Sánchez.
Arkab firmó el pasado mes, junto a sus homólogos de EEUU, Catar y Nigeria, una carta de queja dirigida a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, por exigirles un control de las emisiones de metano en su producción de hidrocarburos que no pueden cumplir a tiempo. Aseguran que, o se cambia, o «se producirán seguro efectos negativos significativos sobre el suministro y los precios». Von der Leyen ha recibido también la presión de Alemania e Italia, entre otros países, que critican que se pretenda depender menos de Rusia y, al mismo tiempo, ser cada vez más rígido con los proveedores que garantizan el suministro alternativo.
«Es una contradicción querer que Argelia nos pase más gas y pretender aplicarles el reglamento europeo», comparten varias fuentes consultadas en el sector energético español. Luis Cabra, presidente de Fuels Europe y adjunto al consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, ha declarado a El Economista que «Europa se quedará sin petróleo suficiente en sus refinerías si entra en vigor la ley del metano». Maneja un estudio según el cual el reglamento pone en peligro, a partir de su entrada en vigor en enero de 2027, el 43 % de las compras europeas de gas y el 87 % de las de petróleo. Y aún más en el caso de España. La asociación de la industria del combustible AICE estima que apenas un 3 % de las importaciones españolas de crudo en 2025 sería compatible con los requisitos del Reglamento hasta 2029. Un desastre que se uniría a los estragos de la crisis de Irán.
La Comisión Europea ha empezado a mostrar señales de flexibilidad al anunciar que los Estados miembros no estarán obligados a sancionar a las empresas que incumplan la normativa. Sin embargo, en el sector se considera insuficiente y de alta inseguridad jurídica intentar resolver así el embrollo. Los productores también, como ha evidenciado de inmediato el Departamento de Energía de EEUU.
Por si fuera poco de cara a Argel, hay que añadir que una exministra española bien conocida por el Gobierno argelino, Teresa Ribera, presentó en Bruselas, pocos días antes de la visita de Sánchez, un plan de acción de electrificación contrario al consumo de gas. En este contexto, en el sector no sorprende el escaso alcance de la visita del presidente del Gobierno. «Ha sido más simbólica que otra cosa», «un paripé», «un postureo»… Las frases varían según el interlocutor del sector, pero el fondo es el mismo.
Al menos no ha habido deterioro. Es positivo que Sánchez logre volver a pisar la capital del principal proveedor de gas de España tras cuatro años de veto, consecuencia de su giro de 2022 en favor de Marruecos por la cuestión del Sáhara. Este ostracismo ha sido aprovechado especialmente por Italia y Alemania, que ya tienen garantizado más suministro. En la víspera de la visita de Sánchez a Argel, el presidente argelino sí autorizó, durante su viaje a Alemania, que la empresa estatal Sonatrach firmara un contrato de gas con la alemana VNG.
A Argelia le interesa vender su producción, pero no necesariamente a España. Así que el Gobierno va a tener que trabajar para que el viaje no se quede sólo en una foto y eso que la cantidad solicitada es modesta para la capacidad argelina. Que lo acepten además a precio de amigo parece utópico ahora.
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