La crisis de vivienda no queda ya solo para los residentes, sino que se ha convertido en un verdadero quebradero de cabeza para las pequeñas y medianas empresas (pymes) más allá del coste que supone mantener sus locales.
El alto coste de vida repercute en el bolsillo del empleado, pero los pequeños comercios se declaran incapaces de asumir el gasto extra, sea en vivienda o desplazamientos
La crisis de vivienda no queda ya solo para los residentes, sino que se ha convertido en un verdadero quebradero de cabeza para las pequeñas y medianas empresas (pymes) más allá del coste que supone mantener sus locales.
En Cataluña, laboratorio nacional de políticas de vivienda desde que tomó la iniciativa de aplicar las zonas tensionadas en 2024, el 98% de las pymes regionales identifica su zona como parte del mercado tensionado (el 79% lo describe muy tensionado). De estas, el 63% confiesa dificultades de contratación, con el 56% responsabilizando al tiempo o el coste de los desplazamientos, la conexión mediante transporte público o la compatibilidad de horarios. Por otro lado, el 33% señala que factores «estrictamente residenciales», como la falta de vivienda asequible o el coste de vivir cerca del centro de trabajo, desalienta a los candidatos al puesto.
Los datos proceden del informe Vivienda, movilidad y competitividad de las pymes elaborado por Oriol Amat, presidente del Observatori de la Pime de Catalunya y catedrático de la UPF Barcelona School of Management, y comisionado por la patronal catalana de las pequeñas y medianas empresas Pimec para analizar el impacto de la vivienda en la competitividad de las empresas con una encuesta a las mismas.
En este complejo escenario, otra de las conclusiones del informe es que una de cada dos pymes catalanas ha limitado, aplazado o descartado decisiones relativas a su crecimiento, e incluso lo ha limitado, debido a dificultades en la búsqueda de personal que están vinculadas parcialmente a la vivienda o a la movilidad.
Parcialmente, porque no es un efecto directo: es el resultado de que la vivienda se encarezca en los núcleos urbanos y la población que no puede costeársela se desplace a las afueras. «La movilidad es el canal más visible a través del cual esta problemática llega a la empresa», aseveran desde Pimec. El informe precisa que el 83% de las empresas catalanas considera que el encarecimiento de la vivienda presiona al alza las expectativas salariales de quienes solicitan un empleo, y el 57% ya ha asumido sobrecostes asociados a vivienda o movilidad de su plantilla.
Este es un escenario frecuente en las grandes capitales, que ante años de subidas consolidadas de precios inmobiliarios condiciona a las rentas medias y bajas a buscar la asequibilidad en el extrarradio. Y es una situación que se ha agudizado ante la caída de la oferta residencial que se ha dado en las zonas tensionadas donde se ha aplicado los controles a los precios del alquiler.
En la pionera Cataluña, el mercado de la vivienda no ha dejado de ser complejo, incluso desde que se aplicaron los controles a las rentas. El precio del alquiler ha disminuido un 1,28%, pasando de una renta media mensual de 887,90 euros en el inicio de 2024 a los 876, 56 euros actuales, según la base de datos del Institut Català del Sòl (Incasòl) en base a las finanzas depositadas desde la aplicación de una medida que hoy se extiende a Navarra, País Vasco y Galicia. En contraposición, la firma de contratos se ha reducido, pasando de los 32.340 contratos en 2024 a un total de 26.962 dos años más tarde (-18,79%). De ello se puede interpretar que los precios se moderan, pero la oferta se reduce o al menos, se mantiene inamovible -quien encuentra una vivienda asequible no renuncia fácilmente a ella-.
Así que para las pymes, «la vivienda es una barrera de entrada, porque tensiona mucho el gasto que tiene el trabajador, solo en ese aspecto. Y esto lleva que a ciertos salarios no cubran sus expectativas, sobre todo en centros de ciudad donde la vivienda es carísima», explica Mónica Gregori, presidenta de Pimec Comerç. «Esto te hace perder capacidad para incorporar profesionales: no les compensa el sueldo que les ofreces, que corresponde por convenio o por categoría, para poder sobrevivir en ese entorno», añade Gregori.
La situación tiene efecto tanto en el candidato como en el ya contratado. «Afecta al potencial, que desiste porque no le cuadran los números. Y afecta al que tienes actualmente, porque si quieres mantener a ese trabajador, tienes que cubrirle un poco. Y eso va a veces en contra del margen que tú puedas tener disponible en tu modelo de negocio», opina también como propietaria de una pyme, su panadería familiar Obrador dels 15.
Y el resultado es que todo ello acaba repercutiendo también en la viabilidad del negocio: «Las pymes asumen más demanda de la que pueden cubrir», insiste, ante la poca capacidad que tiene para ampliar plantilla.
De hecho, el informe de Pimec las define como «las más vulnerables» ante la crisis de vivienda, y especialmente en sectores como la industria, la construcción, la logística, el comercio, la hostelería o los servicios de atención a las personas. «Las grandes empresas disponen de más recursos para absorber estos sobrecostes. Las pymes cuentan con un menor margen salarial, menos flexibilidad organizativa y una menor capacidad para competir por determinados perfiles profesionales» en un mercado laboral cada vez más reducido.
Lo cual no deja de ser paradójico: España padece una crisis de vacantes que se ven reflejadas en los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), que muestran cómo en el primer trimestre de 2026 se batió récord con 159.785 puestos sin cubrir, una cifra que aumenta un 4,51% desde 2025, pero que se dispara un 59,72% en los últimos cinco años. Desglosado por tamaños, en la actualidad las microempresas acumulan el 37,10% de las vacantes, y las medianas aproximadamente el 27,63%.
En el mismo año el coste laboral por trabajador -el gasto total que asume una empresa pero que no refleja la nómina real del empleado, que es inferior- se ha incrementado un 4,91% y alcanzado los 3.278 euros por trabajador en los sectores de la industria, la construcción y los servicios, según los datos del INE. La cifra se dispara un 25,81% en los últimos cinco años. Además, en el último año la evolución no ha sido homogénea, porque en las empresas con plantillas de entre uno y 49 empleados los costes aumentan un 4,61% pese a situarse en los 2.687,88 euros por empleado, mientras que en las medianas (de entre 50 y 200 trabajadores) la cifra escala un 3,44% hasta dejar el gasto individual en los 3.402,55 euros.
Desde la óptica del trabajador, los últimos datos nacionales del INE para 2024 reflejan que el ingreso medio para los sectores señalados por Pimec (construcción, hostelería, logística y comercio) oscila entre los 2.740 euros mensuales de la industria manufacturera y los 1.471 euros en la hostelería, el más bajo.
Pero como ciudadano, a nivel estatal los precios del alquiler no han frenado sus subidas. El pasado junio, el precio promedio del alquiler por metro cuadrado alcanzó los 15,30 euros en España según Idealista, marcando una subida intermensual del 1,1% e interanual del 4,2%. Y si bien se trata de un valor promedio que aumenta de forma muy variada en el país, es reflejo de cómo la dificultad inmobiliaria se enquista, acumulando una subida de precios superior al 45% en los últimos cinco años.
Mientras tanto, los comercios locales siguen encajados en un entorno altamente competitvo. El último balance de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA) dejó en 13.586 los comercios locales cerrados en 2025. Según la misma asociación, en 2026 podrían desaparecer otros 12.000 negocios. Entre otros motivos, por el incremento de costes fijos, la presión fiscal, la falta de relevo generacional o la competencia con grandes plataformas. Ahora a su viabilidad también le pasa factura -indirecta- la vivienda.
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