El futuro del empleo de muchos jóvenes españoles y de las empresas que se creen será muy diferente si nos convertimos en uno de los grandes polos tecnológicos y digitales de Europa. Porque tenemos capacidad para lograrlo gracias a nuestra posición geográfica privilegiada y un enorme potencial energético.
El futuro del empleo de muchos jóvenes españoles y de las empresas que se creen será muy diferente si nos convertimos en uno de los grandes polos tecnológicos y digitale
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El futuro del empleo de muchos jóvenes españoles y de las empresas que se creen será muy diferente si nos convertimos en uno de los grandes polos tecnológicos y digitales de Europa. Porque tenemos capacidad para lograrlo gracias a nuestra posición geográfica privilegiada y un enorme potencial energético.
Sin embargo, para que los jóvenes empresarios y por ende toda la población aproveche esa oportunidad se necesita algo fundamental: facilidades para invertir. Que el dinero fluya y no encuentre obstáculos. Por eso preocupa tanto la regulación que plantea el Gobierno para los centros de procesamiento de datos (CPD), con exigencias que pueden terminar provocando exactamente lo contrario de lo que nuestro país necesita. Los requisitos planteados, entre ellos que los centros de datos alcancen un consumo del 80% de energía renovable procedente de nueva generación y que exista una correspondencia horaria entre producción y consumo, sitúan a España ante unas condiciones especialmente restrictivas.
El problema no es avanzar hacia un modelo energético más sostenible. Las empresas españolas llevan años haciendo ese esfuerzo y la sostenibilidad debe seguir formando parte de nuestra estrategia económica. La coyuntura aparece cuando nos imponemos condiciones superiores a las de nuestro entorno y terminamos convirtiendo una ventaja competitiva en una barrera para la inversión. Competiremos con una rueda pinchada o con un brazo en cabestrillo frente a los rivales.
No podemos olvidar lo que hoy representan los centros de datos. Son infraestructuras esenciales para la economía digital, del mismo modo que durante décadas infraestructuras como carreteras, vías ferroviarias o puertos fueron imprescindibles para el desarrollo de otros sectores.
La inteligencia artificial, los servicios en la nube, el comercio electrónico, la digitalización de las pymes y el crecimiento de miles de empresas tecnológicas que está naciendo gracias al vigor de jóvenes emprendedores necesitan capacidad de procesamiento y almacenamiento.
Desde CEAJE queremos una economía cada vez más digital, pero esa economía necesita infraestructuras físicas que la hagan posible. Además, existe una cuestión estratégica que España no puede ignorar: la soberanía digital. En un contexto internacional en el que Europa debate precisamente cómo reducir dependencias y fortalecer su autonomía tecnológica, debemos procurar que una parte creciente de los datos, servicios e infraestructuras que necesita nuestra economía puedan desarrollarse dentro de nuestras fronteras. Si dificultamos la instalación de CPD en España mientras otros países europeos ofrecen mejores condiciones, la inversión simplemente buscará otro destino. Como el agua de una acequia de mi tierra cuando se bloquea.
También debemos preguntarnos qué impacto pueden tener estas inversiones fuera de las grandes capitales. Un centro de datos moviliza construcción, ingeniería, mantenimiento, servicios, logística, telecomunicaciones e infraestructuras energéticas. Debe convertirse además en un elemento tractor para empresas tecnológicas y actividades de mayor valor añadido. Para muchos territorios que necesitan nuevas inversiones y oportunidades profesionales, especialmente para sus jóvenes, cerrar la puerta a este tipo de proyectos es difícil de entender.
En CEAJE defendemos una transición energética ambiciosa y un tejido empresarial cada vez más sostenible. Pero sostenibilidad y competitividad deben avanzar juntas. De hecho, la propia concepción de la responsabilidad empresarial exige integrar los objetivos medioambientales dentro de una realidad económica viable y capaz de generar prosperidad. La tecnología, además, puede convertirse en uno de los principales aceleradores de la transformación sostenible de nuestras empresas. España no puede aspirar a liderar las tecnologías mientras dificulta la llegada de las infraestructuras que hacen posibles todas ellas ¿Alguien se imagina luchar por organizar unos juegos olímpicos sin disponer de los estadios adecuados?
Los centros de datos no son un problema que haya que frenar. Son una inversión estratégica que debemos saber atraer y ordenar. Porque si España renuncia a competir por estas infraestructuras, otros países no lo harán. Y dentro de unos años no estaremos discutiendo sobre cuánta energía consumen los centros de datos españoles, sino preguntándonos por qué las inversiones, los empleos, las empresas digitales y el talento de los jóvenes han abandonado nuestro país.
Antonio Magraner es empresario valenciano y presidente de la Confederación Española de Jóvenes Empresarios (CEAJE)
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