Primero el amor, después la técnica». La frase de Gaudí, construida por un enjambre de drones, iluminó la noche barcelonesa en la que León XIV bendijo la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia. El Papa había llegado a España con su primera encíclica bajo el brazo, y el espectáculo ilustró un matiz: la Magnifica Humanitas no es una muralla ante las nuevas tecnologías, sino la apelación a un tipo concreto de liderazgo en su uso.
El estilo de gestión que propone la encíclica ‘Magnifica Humanitas’ de León XIV lidera una oleada reflexiva en el ‘management’ .
Primero el amor, después la técnica». La frase de Gaudí, construida por un enjambre de drones, iluminó la noche barcelonesa en la que León XIV bendijo la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia. El Papa había llegado a España con su primera encíclica bajo el brazo, y el espectáculo ilustró un matiz: la Magnifica Humanitas no es una muralla ante las nuevas tecnologías, sino la apelación a un tipo concreto de liderazgo en su uso.
La metáfora nuclear de la encíclica enfrenta dos proyectos… y dos estilos de gestión. Por un lado, en Babel «deciden construir una ciudad y una torre» para «asegurarse estabilidad y poder» con «una uniformidad que elimina la diversidad y que, en lugar de la comunión, elige la homogeneización», y «sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia». Todo lo contrario que Nehemías en la reconstrucción de Jerusalén: «No impone soluciones desde lo alto. Convoca a las familias, confía a cada una un tramo de muralla para reconstruir, escucha los temores, coordina los esfuerzos y hace frente a las oposiciones», fomentando una «responsabilidad compartida».
El Papa invitó a la presentación oficial de la encíclica el 25 de mayo a Christopher Olah, mito de la nueva hornada de empresarios techies. Anthropic, la empresa que cofundó y cuyo estandarte es la IA Claude, tiene previsto salir a bolsa el próximo 22 de octubre; OpenAI, creadora de ChatGPT, el 26 de noviembre, y Space X, la de Grok, lo hizo la semana pasada. Según TradingView, esta oleada bursátil al calor de la IA podría sumar cuatro billones de dólares.
El mundo está cambiando. Y los líderes empresariales tienen que asumir una gran responsabilidad en la dirección que tome. Dice la encíclica que el «nivel [de poder] que absorbe competencias, datos y capacidad decisional está constituido por empresas y plataformas, que definen condiciones de acceso, reglas de visibilidad, formas de relación e incluso oportunidades económicas».
Jordi Pigem, doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona, analizó el contexto de la encíclica en la conferencia «Técnica y totalitarismo contra la interioridad del hombre», organizada por el Instituto Emmanuel Mounier. «Los jóvenes ven que quienes trabajan en esto ganan 10, 40, 100 veces más que sus padres… Aunque también tenemos a gente como Leopold Aschenbrenner, que se fue de OpenAI hace dos años diciendo que los actuales gestores de la IA no son conscientes de lo que están haciendo, sino jugando a aprendices de brujo».
Afortunadamente, hay quien está atendiendo a la llamada a la reflexión. Esade, por ejemplo, reunió en el ‘4 Years From Now (4YFN)’ del Mobile World Congress a sus ponentes bajo el lema «AI for Meaningful Impact» para fomentar «el debate que conecta tecnología, empresa y humanismo desde una convicción clara: la IA solo genera valor real cuando incorpora criterio humano, responsabilidad y propósito».
Su director general, Daniel Traça, recordó que «la tecnología por sí sola no garantiza el progreso. Lo garantiza la gobernanza», y asumió la responsabilidad de las instituciones educativas en «la preparación de los líderes de la era de la IA. Ya no basta con enseñar habilidades técnicas o herramientas analíticas. Los futuros responsables de la toma de decisiones deben comprender el impacto más amplio de los sistemas que diseñarán y gestionarán. La educación empresarial debe preparar líderes no solo para optimizar sistemas, sino para comprender las vidas que esos sistemas van a moldear».
Una mesa redonda congregó a líderes empresariales como Sergi Bastardas, fundador y CEO de OrbioAI, y expertos como Xavier Domingo i Albin, director de la Unidad de Inteligencia Artificial Aplicada de Eurecat. El primero sostuvo que quizá «estemos sobreestimando el juicio humano: los sistemas de IA ofrecen más trazabilidad y consistencia», pero Domingo i Albin planteó: «¿Qué ocurrirá cuando tengamos cientos de agentes interactuando entre sí? ¿Cómo detectaremos un error? ¿Quién será responsable?» Y concluyó: «Los humanos deben establecer los objetivos y seguir siendo responsables de los resultados».
Aunque, como apuntó Bastardas, «el verdadero reto no es la inteligencia, sino cómo se diseña y controla el sistema». Precisamente la encíclica de León XIV advierte: «La impresión de objetividad que las respuestas y las propuestas de estos sistemas pueden suscitar, corre el riesgo de hacernos olvidar que estas reflejan los parámetros culturales de quienes las han proyectado y adiestrado».
El debate continuó, pero no hay aquí sitio para los innumerables detalles. Ni de este ni de muchos otros que acuden a la llamada de la humanidad. Lo importante, que Nehemías está en marcha.
Cuando la encíclica de León XIV destaca la importancia de «identificar quién debe ‘rendir cuentas’ de las decisiones» en materia de IA, la versión española mantiene el término inglés, quizá para acentuar la apelación al lenguaje del management, o sea, al líder empresarial: «Se vuelve decisivo lo que llamamos ‘responsabilidad’ (accountability)».
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