El año 2025 cerró con 12.207 millones de euros enviados en remesas desde España al resto del mundo, un alza del 21,37% respecto al 2022 según los últimos datos del Banco de España, que evidencia la voluntad de los residentes extranjeros por seguir aportando a la economía familiar aún en la distancia. Pero enviar dinero en remesas, aunque sea un sistema extendido, sigue entrañando riesgos, como no saber si el capital es recibido en su totalidad (las comisiones suelen ser altas) o si se emplea correctamente en el país de destino.
Evita el envío de capital con la compra directa de productos o servicios en el país de destino
El año 2025 cerró con 12.207 millones de euros enviados en remesas desde España al resto del mundo, un alza del 21,37% respecto al 2022 según los últimos datos del Banco de España, que evidencia la voluntad de los residentes extranjeros por seguir aportando a la economía familiar aún en la distancia. Pero enviar dinero en remesas, aunque sea un sistema extendido, sigue entrañando riesgos, como no saber si el capital es recibido en su totalidad (las comisiones suelen ser altas) o si se emplea correctamente en el país de destino.
En este escenario, Josep Arroyo encontró una necesidad que cubrir y una idea pionera de negocio. Y así, Baluwo nació en 2016 en Barcelona, aunque no iniciaría su actividad hasta 2017. La empresa es responsable de una infraestructura que conecta emisor y receptor a través de una app móvil. Con ella, el migrante puede elegir el país donde quiere enviar su remesa, pero en lugar de enviar capital, compra productos: desde un saco de arroz o carne, a material de construcción y días de electricidad e internet (que funciona mediante prepago y son los más demandados). El beneficiario en el país de destino recibe un PIN a introducir en el contador de la luz o a mostrar en una tienda, que en el caso de África -donde un 70% de la población reside en el medio rural- son más bien puntos de venta (como una parada de autobús). El tendero comprueba el PIN, hace la entrega, y después acude con la información encriptada del pedido a un Forex Bureau (una especie de tienda de pago en efectivo, la alternativa a las sucursales bancarias) para cobrar el dinero en moneda local desde el fondo dispuesto para los pagadores desde la empresa.
Baluwo (se traduce del mandinga como «necesidad básica») está presente en 18 países de todo el mundo, pero con un target concreto: «Queremos ser el all in one para los migrantes africanos, por eso nos centramos en crecer en productos o servicios verticalmente«. Arroyo ejemplifica con ocasiones como la Fiesta del Fin del Ayuno (fin del Ramadán), cuando ofertan más cantidad de carne de cordero. Entre sus próximas novedades están el pago de los canales de televisión yesperan incorporar la venta de dispositivos móviles. Asimismo, están tramitando la obtención de la licencia correspondiente del Banco de España «para tener nuestra propia licencia de envío de dinero», ampliando servicios y asegura, reduciendo aún más los precios y costes operativos.
Para sus servicios, especialmente la venta de telefonía y luz («fuimos los primeros en vender electricidad a nivel internacional, por eso somos líderes en África», explica este ingeniero con pasado en fintechs de Silicon Valley), se apoyan en operadoras y compañías tecnológicas de todos los tamaños. Más allá de la competencia «casi monolopolística» del sector que le ha llevado a plantear una demanda a Vodafone ante la CNMC, la ubicación de Baluwo hace frente a los retos más graves de países en vías de desarrollo: desde guerras civiles, cortes de luz, ausencia de internet o monedas locales inestables, al extendido analfabetismo de la población. Para sortear este último obstáculo, la app utiliza fotografías con las que se pueda entender qué se está comprando y recibiendo.
A nivel de equipo, Baluwo tiene una plantilla de 25 empleados en España y 25 residiendo en distintos países de África. «Pusimos en marcha este tipo de pagos finalistas porque queríamos crear una plataforma de pagos que facilitara el control a los usuarios, porque el envío de dinero no da control», agrega este emprendedor, que en el esbozo de esta última empresa, buscaba lograr cierto impacto social. Hoy, Baluwo atiende a 1,5 millones de usuarios anuales con más de 10.000 transacciones diarias y una media de cinco euros. Sus ingresos vienen del cobro de una tarifa fija en las transacciones (a través de la app o de sus 1.597 puntos de venta activos en España, es decir, locutorios), y del recargo o mark up a los productos. Así, la facturación de Baluwo se situó en los 21,6 millones de euros en 2025 (más que triplicando su volumen en cinco años), alcanzando un ebitda de 600.000 euros.
Baluwo presentó el miércoles 17 de junio una denuncia ante la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) por las restricciones impuestas a la distribución de recargas prepago de Vodafone.
En un «negocio muy maduro» como es el de la venta de servicios prepago, los costes de envío de capital a África siguen siendo altos y las opciones, reducidas, explica Arroyo. Ellos consideran que «la concentración de la distribución de recargas prepago de Vodafone en únicamente dos empresas limita la libre competencia, restringe las opciones de los puntos de venta y perjudica especialmente a miles de consumidores migrantes que dependen de estos servicios para mantenerse conectados con sus familias y comunidades». Es por ello que, explican, pese a haber mantenido negociaciones con la operadora roja, han presentado el caso para el análisis del supervisor español.
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