En el vestíbulo de Moonshot AI hay un piano blanco. Las salas de reuniones llevan nombres como Led Zeppelin, Queen o Nirvana. Cuesta imaginar un cuartel general más alejado del estereotipo de una empresa tecnológica china. Pero quizá esa sea precisamente la mejor forma de entender a Yang Zhilin: un matemático que montó su primera filial con el nombre de Dark Side of the Moon, homenajeando su álbum favorito de Pink Floyd. Incluso una de las primeras versiones de su asistente de inteligencia artificial se llamó OK Computer, como el disco de Radiohead.
Yang Zhilin, un matemático prodigio, ha convertido a Moonshot AI en el nuevo fenómeno tecnológico con Kimi K3, el modelo que desafía el liderazgo de Silicon Valley mientras desata una nueva batalla entre Pekín y Washington
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En el vestíbulo de Moonshot AI hay un piano blanco. Las salas de reuniones llevan nombres como Led Zeppelin, Queen o Nirvana. Cuesta imaginar un cuartel general más alejado del estereotipo de una empresa tecnológica china. Pero quizá esa sea precisamente la mejor forma de entender a Yang Zhilin: un matemático que montó su primera filial con el nombre de Dark Side of the Moon, homenajeando su álbum favorito de Pink Floyd. Incluso una de las primeras versiones de su asistente de inteligencia artificial se llamó OK Computer, como el disco de Radiohead.
Con apenas 34 años, Yang se ha convertido en el nuevo rostro de moda en el universo de la IA. El último modelo desarrollado por su empresa, Kimi K3, ha irrumpido como una descarga eléctrica en un sector acostumbrado a que los grandes titulares lleven sello estadounidense.
En julio, en Shanghai, durante la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial, una riada de visitantes dejaba atrás los gigantescos pabellones de Alibaba para hacer cola frente al puesto de una desconocida empresa llamada Moonshot. En apenas tres años, esta startup ha pasado de ser una promesa fundada por un puñado de investigadores de la Universidad Tsinghua, con Yang al frente, a colocar uno de los modelos de IA más potentes del mundo.
Para trazar un perfil del nuevo multimillonario chino de moda hay que arrancar en Shantou, una ciudad sureña de comerciantes y fábricas donde Yang destacó desde niño por su gran habilidad para las matemáticas. Ganó premios en competiciones de la Olimpiada Internacional y siguió el itinerario reservado a la élite científica china: Tsinghua, el equivalente chino del MIT, y después Carnegie Mellon, en Estados Unidos, donde completó el doctorado mientras pasaba por Google y Meta. Allí publicó investigaciones sobre modelos de lenguaje cuando ChatGPT todavía no había cambiado el mundo.
Como tantos científicos chinos formados en EEUU, regresó a su país convencido de que el siguiente gran salto tecnológico no tenía por qué producirse en Silicon Valley. Participó en proyectos estratégicos de Huawei antes de fundar Moonshot en 2023 junto a antiguos compañeros de Tsinghua, entre ellos el guitarrista principal de la banda universitaria que él mismo había creado.
Durante 2025, Yang vivió bajo la sombra de DeepSeek, la empresa que sorprendió al mundo con un modelo de IA capaz de ofrecer prestaciones comparables a las estadounidenses a una fracción del coste. La coincidencia del lanzamiento del primer gran modelo de Moonshot con el revolucionario R1 de DeepSeek supuso un golpe demoledor. Kimi perdió usuarios y la empresa paralizó campañas publicitarias multimillonarias. De aquella crisis salió una decisión que cambiaría el rumbo de la empresa: abandonar la estrategia cerrada y apostar por modelos abiertos.
El resultado llegó primero con K2 y ahora con Kimi K3, un coloso de 2,8 billones de parámetros que ha reducido la distancia tecnológica con OpenAI y Anthropic. Analistas independientes sitúan al modelo chino entre los mejores del mundo en programación, razonamiento y tareas complejas. Elon Musk lo calificó de «impresionante», mientras que en Silicon Valley volvió a instalarse una sensación conocida desde la irrupción de DeepSeek: la convicción de que China pisa los talones a EEUU en la carrera por la IA.
Tras la irrupción, Moonshot tuvo que congelar nuevas suscripciones para absorber una demanda que ha disparado varias veces sus ingresos diarios. Ahora prepara una ronda de financiación que podría valorar la empresa por encima de los 30.000 millones de dólares antes de una futura salida a bolsa en Hong Kong.
Pero este ascenso meteórico también ha activado todas las alarmas en Washington. La semana pasada, la Administración Trump acusó públicamente a Moonshot de haber desarrollado Kimi K3 mediante una campaña masiva de «destilación» sobre modelos estadounidenses, especialmente Claude Fable 5, de Anthropic, y de haber accedido además a chips avanzados de Nvidia cuya exportación está restringida para China.
Michael Kratsios, principal asesor tecnológico de la Casa Blanca, sostuvo que la empresa habría construido una plataforma capaz de extraer capacidades de modelos estadounidenses cambiando constantemente sus métodos de acceso para eludir los controles. Pero no se han presentado pruebas que demuestren que las respuestas de Claude Fable 5 fueran utilizadas para entrenar directamente Kimi K3. Los portavoces de Pekín han rechazado de plano las acusaciones y recuerda que la «destilación» (un modelo de IA que aprende observando las respuestas de otro modelo más potente) constituye una práctica habitual en la industria siempre que respete las condiciones de uso y la propiedad intelectual.
La realidad es que el último fenómeno chino de la IA proyecta un nuevo escenario. Durante décadas, el relato tecnológico consistía en jóvenes chinos como Yang que viajaban a EEUU para aprender. Hoy muchos regresan para construir empresas capaces de competir de igual a igual con sus antiguos maestros.
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