El segundo objetivo del trilema energético es la asequibilidad de la energía para toda la población. Este objetivo no se cumple en la mayoría de los países de renta baja donde muchas personas no tienen acceso a electricidad. En los países industriales el término es cada vez más usado, aunque en España utilizamos más el termino carestía de la energía.
El segundo objetivo del trilema energético es la asequibilidad de la energía para toda la población. Este objetivo no se cumple en la mayoría d
El segundo objetivo del trilema energético es la asequibilidad de la energía para toda la población. Este objetivo no se cumple en la mayoría de los países de renta baja donde muchas personas no tienen acceso a electricidad. En los países industriales el término es cada vez más usado, aunque en España utilizamos más el término carestía de la energía.
Lograr esta asequibilidad entra en contradicción, cada día más, con el objetivo de la descarbonización. Si observamos la evolución del precio histórico de la electricidad y la comparamos con el índice de precios al consumidor, se observa que, históricamente, el precio que pagaban los consumidores evolucionaba por debajo del IPC. Sin embargo, este no es el caso desde hace unos 10 años, ni en la Unión Europea ni en España.
La no carestía de la energía se está complicando por la falta de seguridad energética y por los costes de acelerar la consecución del tercer objetivo del trilema: la descarbonización. El problema de políticas públicas que se plantea hoy es cada vez más visible y preocupante sobre todo en Europa, donde los objetivos de descarbonización son excesivamente ambiciosos, diría que irrealistas, y sobre todo costosos de obtener.
Dicho de otro modo, en la mayoría de los casos, la descarbonización es cara y además se incentiva o pretende acelerar por medio de un precio de emisiones de CO2 alto que teóricamente permita que las propuestas descarbonizadas sean más baratas al no tener este sobreprecio por emisiones. Esto para empezar es inflacionista y al no realizarlo otros países nos daña la competitividad. Pero es que es un error conceptual porque no hay tecnologías maduras descarbonizadas que puedan competir hoy ya que las que existen requieren precios del CO2 todavía más altos, lo que es suicida en términos de caídas del PIB y de aumentos de la inflación.
Para ejemplo, valga un botón. En 2023, las autoridades europeas aprueban ampliar el mecanismo de pagos por emisiones de CO2, para los automóviles, el llamado ETS2, que se pondría en marcha parcialmente en 2027. Según el BCE, esto supondría un aumento de inflación de dos décimas en el año 2027. Y seguiría cada año añadiendo presión a la inflación hasta su implantación definitiva. Aún más si comparamos el precio del CO2 que tendría que imponerse para que el hidrógeno verde compita con el marrón o el azul, procedente del gas natural.
La cuestión de la contradicción entre objetivos es más preocupante a raíz del conjunto de medidas aceleradoras de la descarbonización -eso dice la legislación- el llamado «fit for 50» que se introdujo en 2023 y 2024 Básicamente se aceleraba descarbonizar la aviación; se regulaban las emisiones de CO2 en el transporte marítimo y de automóviles; se aumentaban las exigencias de descarbonización en edificios y, con la directiva y reglamento sobre gases descarbonizados e hidrógeno, se intentaba acelerar la descarbonización con hidrógeno verde, sobre todo canalizado.
Para rematar el tema de los despropósitos en alcanzar la asequibilidad, y ante las quejas de estados miembros de que en el resto del mundo el precio por emitir CO2 o no existe o es ridículo comparado con el europeo, se decide que se introduzca a partir de 2026 y de manera progresiva dicho precio del CO2 para importaciones de materias primas intensivas en el mismo: acero, cemento, fertilizantes, electricidad. Al llamado mecanismo de ajuste de carbono en frontera (CBAM por sus siglas en inglés), es decir, a una solución inflacionista –precios del CO2- se le responde con otra más inflacionista: precios del CO2 a materias primas importadas ya que eso supone encarecer los inputs para los productores europeos, que no podrán exportar bienes finales porque se ha encarecido su producto frente al resto de países que no tienen estos sobrecostes. Piensen en que ahora se exportan tomates extremeños para Ketchup en Estados Unidos, pero con los sobrecostes por venir con el CBAM no parece competitivo.
Si toda esta política la sometemos a un análisis macroeconómico serio, como hace un documento interesantísimo del Banco de España, -esperemos que mencionarlo no les suponga ningún problema a sus autores, teniendo en cuenta el celo a favor de la descarbonización del Sistema Europeo de Bancos Centrales– encontramos lo siguiente: en el medio plazo todas las medidas anteriores destinadas a descarbonizar supondrán una caída del PIB europeo importante, unos 2,5 puntos porcentuales, un aumento de la inflación del 1,62% y una caída del empleo.
Alguien podría decir que las nuevas inversiones descarbonizadas permitirían crecer más y reducir a largo plazo este sobrecoste, pero esto no es así por dos razones: en primer lugar, el crecimiento vía inversión no es tal cuando tienes que importar todos tus bienes de equipo de China. En segundo lugar, los costes son tan altos en Europa que sale más barato importar el producto final, léase combustibles renovables o hidrógeno, que producirlo aquí. Por tanto, algo se produciría aquí a precios altos mientras los demás países nos venderían sus productos algo más baratos que los nuestros, pero con rentabilidades altas porque tienen menos costes.
Finalmente, ante la visión de la catástrofe que viene, los países del norte y del centro de Europa más Italia ya han pedido una revisión de esta política de precios de emisiones de CO2 y de los objetivos climáticos. Estamos hablando de algo concreto y ambicioso: reducir el precio del CO2 y pensar que existe una manera de transicionar que no genere inflación/ carestía o más dependencia externa vía importar todos los bienes intensivos en CO2 del extranjero. Pero lo primero y más importante es entender que establecer objetivos inalcanzables de descarbonización está conduciendo a una mayor carestía del precio de la energía y de todos los bienes. Es decir, a una mayor inflación y es aquí donde hay que preguntarse que si esto es inflacionario, ¿Por qué no sube tipos de interés el Banco Central?, No tengo respuesta ni opinión.
En lo que si tengo opinión y respuesta es a la pregunta de cómo debe responder el BCE a la subida de precios derivada de la guerra en Irán. Y es que la subida de precios de la energía y de los usos no energéticos de los combustibles fósiles es un shock de oferta parcialmente amplificado por políticas internas. No hay exceso de demanda y por tanto una subida de interés no te sirve para luchar contra la inflación, aunque siempre reducirá algo el crecimiento. Pero, y esto es lo importante, se trata de un shock de oferta que, de prolongarse como hasta ahora, se traducirá en imposibilidad de consumir productos finales porque no tenemos materia prima para elaborarlos. En otras palabras, hay un riesgo de inflación, pero hay un riesgo de recesión. Por lo tanto, los Bancos Centrales deben ser muy cuidadosos y sobre todo no pensar que ellos pueden calmar las presiones de precios de oferta.
Supongo que serán conscientes de que el precio del combustible de aviación sostenible a fecha de hoy es dos veces el precio históricamente alto del jet- fuel. En condiciones normales es cuatro veces más alto. Luego, cuando desaparezcan las restricciones en el estrecho de Ormuz, bajará el precio del jet fuel, pero no el del jet fuel sostenible. En resumen, ¿qué es más inflacionista: la guerra de Irán o intentar acelerar la transición con combustibles descarbonizados como el hidrógeno, el biodiesel o el jet fuel sostenible, tal como figura en los objetivos europeos? Seguro que no lo saben todavía en el BCE. Necesitarán papeles académicos, pero este artículo es para que usted, querido lector, pueda formarse una opinión y ese es el fin de un artículo de opinión ¿no? Dejemos que los bancos centrales se equivoquen, pero que no nos cuenten argumentos descarbonizadores no inflacionistas.
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