Fracturados aún tras las elecciones legislativas de septiembre, los partidos del Parlamento marroquí han cerrado filas este lunes para secundar la retirada de la cuestión del Sáhara Occidental del ámbito de Naciones Unidas, anunciada por el Gabinete Real de Mohamed VI poco después de que el Consejo de Seguridad liquidara el viernes la misión de la ONU en la antigua colonia española tras 35 años de despliegue. En una sesión conjunta de ambas Cámaras legislativas (que incluyen representantes sindicales y empresariales), los portavoces parlamentarios han corroborado uno tras otro que la soberanía sobre el Sáhara es una línea roja que forma parte indiscutible de la identidad nacional.
Rabat afronta aún el reto de excluir a la antigua provincia española de la lista de territorios pendientes de descolonización
Fracturados aún tras las elecciones legislativas de septiembre, los partidos del Parlamento marroquí han cerrado filas este lunes para secundar la retirada de la cuestión del Sáhara Occidental del ámbito de Naciones Unidas, anunciada por el Gabinete Real de Mohamed VI poco después de que el Consejo de Seguridad liquidara el viernes la misión de la ONU en la antigua colonia española tras 35 años de despliegue. En una sesión conjunta de ambas Cámaras legislativas (que incluyen representantes sindicales y empresariales), los portavoces parlamentarios han corroborado uno tras otro que la soberanía sobre el Sáhara es una línea roja que forma parte indiscutible de la identidad nacional.
Sobre la tumba de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso), enterrada desde la medianoche del sábado al vetar sucesivamente Estados Unidos y Rusia la renovación de su mandato, Marruecos pretende construir un nuevo statu quo. Lo sostiene sobre el plan de autonomía para un territorio saharaui parte de la “integridad nacional”, y garantizando el mantenimiento del alto el fuego, a pesar de que el Frente Polisario reanudó la hostilidades en 2020 en respuesta a la intervención militar marroquí en la frontera del sur del Sáhara con Mauritania.
La ONU prevé repatriar a unos 160 observadores militares y a cerca de 180 empleados civiles como parte del proceso de liquidación de la Minurso. El repliegue incluye el cierre de las 13 instalaciones de la misión en el Sáhara, junto con la retirada de sus equipos materiales, según ha informado un portavoz oficial en la sede central de Naciones Unidas. El Gobierno de Rabat se ha comprometido a que la operación se produzca de forma “ejemplar” y sin perturbaciones.

El relato principal de la sesión parlamentaria discurrió en torno al principio, compartido en un “consenso nacional sobre las provincias del sur”, de que el fin de la misión de la ONU debe abrir el camino hacia una solución definitiva a más de medio siglo de conflicto entre Marruecos y el Frente Polisario, que defiende la independencia mediante un referéndum de autodeterminación. Esto debe implicar la exclusión forzosa de la cuestión del Sáhara Occidental de la agenda del Consejo de Seguridad y del resto de órganos de Naciones Unidas.
El presidente de la Cámara de Representantes, Ahmed Tuizi, marcó el tono del debate al sostener que la extinción del mandato de la Minurso abre una nueva etapa para “consolidar la soberanía nacional en pleno respeto de la legalidad internacional”, y que todo lo relativo al Sáhara constituye para Marruecos “una cuestión existencial que no puede ser objeto de negociación”. Rabat asegura haber constatado que dos tercios de los Estados miembros de la ONU ―incluidos miembros permanentes del Consejo de Seguridad y potencias influyentes— respaldan la iniciativa de autonomía saharaui bajo su autoridad.
Algunos grupos de oposición, como el islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (que gobernó entre 2011 y 2021) y la minoritaria Alianza de Izquierda, aprovecharon para abogar por tender puentes con Argelia, que da cobijo al Frente Polisario en los campamentos de Tinduf, tras más de cinco años de ruptura de relaciones.
La alianza izquierdista, una de las fuerzas que más proyección obtuvo en los pasados comicios, fue incluso más allá al reclamar la soberanía sobre Ceuta y Melilla (otro hito identitario central del nacionalismo marroquí que no figuraba en el orden del día), la liberación de los presos políticos y la excarcelación de los detenidos por manifestarse contra la normalización diplomática con Israel aprovechando una intervención televisada por las cadenas nacionales.
Del debate parlamentario estuvieron ausentes las dificultades que presumiblemente va a tener que afrontar Marruecos para convencer a los 193 Estados de la Asamblea General de la ONU de que el Sáhara ya no es un territorio pendiente de descolonización, incluido desde hace más 60 años en una lista en la que figuran, entre otras, la colonia británica de Gibraltar.
El ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Naser Burita, ha argumentado que en la Cuarta Comisión de la Asamblea General, encargada de los asuntos políticos descolonización “no existe derecho de veto” como en el Consejo de Seguridad. Este órgano de toma de decisiones aún puede mantener en su agenda la cuestión del Sáhara al menos hasta 2030, como destaca el portal informativo de investigación Le Desk.
Las normas de Asamblea General, que el pasado 15 de octubre renovó la inclusión del Sáhara en el listado de territorios “no autónomos” son complejas y atraviesan procesos inciertos. Existen escasos procedentes de salida de territorios coloniales de la lista de la ONU, como Puerto Rico, impulsada por Estados Unidos en 1953, o la de Hong Kong, negociada en 1972 entre el Reino Unido y China. Los tres son miembros permanentes del Consejo de Seguridad con derecho a veto.
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