El 15 de mayo termina el mandato de Jerome Powell como presidente de la Reserva Federal y el candidato a sucederlo, Kevin Warsh, se enfrenta estos días al escrutinio del Senado. La economía estadounidense tiene enormes desafíos, desde una amenaza inflacionista alimentada por la guerra comercial y la guerra en Irán hasta un crecimiento moderado y una creación de empleo menor de la esperada, por no hablar de una deuda desbocada y un déficit que no deja de crecer. Pero el gran problema del sucesor de Powell no será de corte económico, energético o monetario, sino político, y tiene nombre y apellido: Donald Trump. Por eso, los senadores quieren estar seguros de que el presidente de la Fed tendrá el «valor y la independencia» para resistir las presiones, acometidas, insultos o incluso amenazas penales de quien exige una bajada inmediata de los tipos de interés. Y no lo tienen nada claro.
Kevin Warsh garantiza que «no será un títere de nadie» ni ha pactado bajadas de tipos, pero evita responder a la pregunta de si Joe Biden ganó las elecciones en 2020 para no enfadar a la Casa Blanca
El 15 de mayo termina el mandato de Jerome Powell como presidente de la Reserva Federal y el candidato a sucederlo, Kevin Warsh, se enfrenta estos días al escrutinio del Senado. La economía estadounidense tiene enormes desafíos, desde una amenaza inflacionista alimentada por la guerra comercial y la guerra en Irán hasta un crecimiento moderado y una creación de empleo menor de la esperada, por no hablar de una deuda desbocada y un déficit que no deja de crecer. Pero el gran problema del sucesor de Powell no será de corte económico, energético o monetario, sino político, y tiene nombre y apellido: Donald Trump. Por eso, los senadores quieren estar seguros de que el presidente de la Fed tendrá el «valor y la independencia» para resistir las presiones, acometidas, insultos o incluso amenazas penales de quien exige una bajada inmediata de los tipos de interés. Y no lo tienen nada claro.
Este martes, Warsh se sometió a las preguntas del comité de Banca del Senado y el resultado fue muy agridulce. Warsh es un economista preparado, que ya formó parte de la Reserva Federal entre 2006 y 2011 como gobernador. Cuenta con el apoyo del Gobierno y de prácticamente todos los senadores republicanos. Incluso tiene el respeto de su trayectoria previa de algunos de los demócratas. Pero la pregunta clave estos días es si se convertirá «en una marioneta» de Trump, como le reprocharon varias veces. O, de hecho, si lo es ya y solo quiere el puesto para complacer al presidente y aprovechar su posición «para rescatar a sus amigos millonarios», como le reprochó la senadora Elizabeth Warren. Que Warsh, como casi todos los candidatos nominados por esta administración, se negara a decir si Joe Biden ganó las elecciones en 2020 no ayudó, desde luego, a la imagen de patriota y servidor público neutral que quiere transmitir.
Warsh aseguró en su intervención inicial que se comprometía «a garantizar que la política monetaria se mantenga estrictamente independiente, y también a colaborar con la administración y el Congreso en asuntos no monetarios que forman parte de las competencias de la Reserva Federal (…) Si soy confirmado como presidente, seré fiel a la Constitución, a la Ley de la Reserva Federal y a las mejores tradiciones. Creo que una Reserva Federal orientada a la reforma puede marcar una verdadera diferencia para el pueblo estadounidense, y, si soy confirmado, buscaré crear un entorno en el que los mejores profesionales den lo mejor de sí. La franqueza y la buena voluntad serán fundamentales para alcanzar esos objetivos», afirmó.
Instantes después, las primeras bofetadas. La senadora Elizabeth Warren, una de las más escoradas a la izquierda y más conocida por sus posiciones escépticas hacia los multimillonarios, la banca y las grandes empresas, arremetió contra Warsh reprochándose falta de transparencia sobre cómo va a evitar conflictos de interés con su enorme fortuna personal, más de 100 millones de dólares, y expresando sus dudas sobre su personalidad. «Está claro que Trump no quiere una Reserva Federal independiente. De hecho, ha dicho, y cito, que «cualquiera que no esté de acuerdo conmigo nunca será presidente de la Reserva Federal», y ha dejado claro que usted es su títere, diciendo la semana pasada que los tipos de interés bajarán ‘cuando Kevin llegue al poder’. La independencia requiere valentía, señor Warsh. Veamos su independencia y su valentía. Empecemos con algo sencillo: ¿perdió Donald Trump las elecciones de 2020?», preguntó Warren. El candidato Warsh, en la misma línea que casi la totalidad de los republicanos en el Congreso, se negó a responder a esa pregunta con un sencillo ‘sí’.
«Intentaré mantener la política, si soy confirmado, fuera de la Reserva Federal», respondió Warsh. «Solo estoy haciendo una pregunta factual. Necesito saberlo. Necesito medir su independencia y su valentía», insistió Warren. «Senadora, creo que este cuerpo certificó esa elección hace muchos años», dijo el economista, amparándose en la fórmula que usan una y otra vez quienes tienen más miedo al presidente y su ira que a las consecuencias para el país de no admitir algo tan básico como que el hoy presidente fue derrotado hace seis años.
Esa línea no marcó el tono de la comparecencia, que en líneas generales fue mucho más amable y cómoda para él, con unánimes elogios a su curriculum y sus cualidades. Pero sí definió los límites de su valentía pública. Todo indica que será confirmado, con más o menos retraso por otras cuestiones, pero también que llega marcado y todo su mandato estará condicionado por Trump y sus presiones. Y que cada decisión que tome será juzgada por lo mismo durante años.
«No voy a ser el títere de nadie. El presidente me nominó para el puesto, y seré un actor independiente si soy confirmado como presidente de la Reserva Federal. El presidente nunca me pidió que predeterminara, me comprometiera, fijara o decidiera sobre ninguna decisión relativa a los tipos de interés en ninguna de nuestras conversaciones. Ni yo jamás aceptaría hacerlo (…) yo jamás aceptaría hacerlo si lo hubiera hecho, pero nunca lo hizo. Me sentí honrado de que me nominara, como a todos los demás miembros del comité en el mundo. He escuchado su punto de vista sobre los tipos de interés y me pareció muy similar al de todos los demás presidentes en la historia económica», insistió Warsh, defendiendo varias veces que Trump quizás parece más agresivo porque dice las cosas en voz alta, pero sugiriendo que, en su experiencia, «todos los presidentes quieren que bajen los tipos».
La realidad es que no hay precedentes en lo que está haciendo Trump, cuyo Departamento de Justicia está investigando a Powell por el coste de las obras de reforma de la sede de la Fed y ha abierto expedientes a otra integrante para echarla también. De hecho, este es el principal problema para la confirmación de Warsh. El senador republicano Thom Tillis, que elogió ampliamente al candidato, ha reiterado que no votará mientras no se cierre de una vez por todas el caso contra Powell, que considera una aberración inadmisible por parte del Ejecutivo. Tillis se retira a finales de año, así que tiene poco que perder. Esta puede ser la principal razón del retraso, no la valía del candidato o cómo su filosofía parece amoldarse ahora a las circunstancias.
El senador Chris Van Hollen, demócrata de Maryland, insistió al igual que sus colegas en lo que percibía ocmo un peligro oportunismo, en concrento cómo las posiciones profundamente conservadoras en lo monetario de Warsh en el pasado, incluyendo la crisis de 2007, han dejado pasdo a alguien que parece ansioso por bajar los tipos de interés… cuando Trump lo exige. «Me preocupa que su postura sobre los tipos de interés parezca cambiar según lo que le conviene políticamente, en lugar de basarse en un juicio económico sólido. Tras la crisis financiera de 2008, la peor recesión desde la Gran Depresión, con uno de los peores desempleos de nuestra historia, la suya fue una voz intransigente que expresaba preocupación porque la Reserva Federal pudiera tardar demasiado en subir los tipos. Creo que se equivocó entonces, pero ahora parece haber dado un giro de 180 grados en la dirección opuesta, defendiendo tipos más bajos, una postura que convenientemente coincide con la del presidente que lo nominó. Ha dado este giro incluso cuando hoy los precios son demasiado altos», reprochó.
Desde el punto de vista técnico, Warsh señaló que quiere cambiar la forma de comunicar de la Fed, sin comprometerse a seguir celebrando ruedas de prensa después de cada reunión del Comité Abierto y criticando que los gobernadores ya hablan mucho, quizás demasiado. En sus respuestas también se distanció de la idea de «forward guidance», la forma de proceder de algunos bancos centrales que telegrafían sus movimientos a largo plazo, pues considera que eso limita su margen de maniobra. Y afirmó que la inteligencia artificial representa un gran impulso para la productividad de la economía y que todos los factores por parte de la oferta están cambiando muy deprisa. En ese mismo sentido, a la pregunta de si consideraba que los criptoactivos deberían formar parte del sistema financiero para que los consumidores pudieran beneficiarse «de más opciones de inversión y protección», el probable próximo presidente de la Fed fue claro: «Los activos digitales ya forman parte de nuestro sistema financiero, así que sí».
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