La economía de Gibraltar es algo muy especial. Su mayor industria es el juego online, que supone alrededor del 30% del PIB. Le sigue el sector financiero —incluidos la banca, los seguros, los fondos, la gestión patrimonial, y los servicios fiduciarios—, con un 20% del PIB, y el turismo, con un porcentaje similar. A eso se suma históricamente un régimen fiscal creado para atraer empresas y personas físicas de patrimonio muy alto, sin, por ejemplo, impuestos del patrimonio, de plusvalías, de sucesiones o de donaciones. Dado que se trata de un territorio comprimido entre el mar y España, esa regulación ha sido una fuente inagotable de problemas.
El nuevo régimen preserva las ventajas competitivas en servicios financieros o juego online del Peñón
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La economía de Gibraltar es algo muy especial. Su mayor industria es el juego online, que supone alrededor del 30% del PIB. Le sigue el sector financiero —incluidos la banca, los seguros, los fondos, la gestión patrimonial, y los servicios fiduciarios—, con un 20% del PIB, y el turismo, con un porcentaje similar. A eso se suma históricamente un régimen fiscal creado para atraer empresas y personas físicas de patrimonio muy alto, sin, por ejemplo, impuestos del patrimonio, de plusvalías, de sucesiones o de donaciones. Dado que se trata de un territorio comprimido entre el mar y España, esa regulación ha sido una fuente inagotable de problemas.
Ahora, el Tratado refleja cómo ha cambiado la economía de Gibraltar, y salvaguarda esa transformación. Durante el siglo XX, la colonia conservó rasgos propios de un puerto franco clásico. Eso hacía que su modelo económico se basara en vender mercancías mucho más baratas que las disponibles al otro lado de la frontera. Pero, en el siglo XXI, la ventaja competitiva de Gibraltar ya no reside en el comercio minorista ni en el tabaco barato, sino en actividades de alto valor añadido como los servicios financieros, el juego online, los seguros, la gestión patrimonial y los servicios marítimos, escasamente regulados a nivel internacional, y que se mueven entre diferentes jurisdicciones, a menudo en territorios con diversas gamas de gris. El tratado asume esa evolución y la consolida.
Para ello, actúa sobre la fiscalidad de los bienes, al crear un impuesto indirecto, que reduce – pero no elimina – los beneficios fiscales derivados de comprar algo en Gibraltar y venderlo en España. Eso debería tener un impacto en el contrabando de tabaco, ya que reduce el margen de arbitraje, aunque según la propia Guardia Civil, este tráfico se ha desplomado en los últimos años. En materia de gravámenes sobre el capital, sin embargo, no hay cambios, aunque sí se establece un marco de coordinación con la UE. El Gibraltar vinculado al cartón de tabaco, que ya estaba en marcado declive, recibe la que probablemente sea la puntilla de parte de Bruselas. El Gibraltar vinculado a servicios financieros y profesionales y a actividades offshore, que es la actual fuente de prosperidad de la colonia, obtiene la bendición de la UE.
En materia de bienes, los cambios son obvios. Hasta ahora, Gibraltar los gravaba casi exclusivamente por medio de aranceles. Era un sistema lógico, porque en el Peñón no se fabrica prácticamente nada. A partir de ahora, sin embargo, la colonia tendrá un Impuesto sobre las Transacciones (Transaction Tax), que se aplicará tanto a los bienes importados como a los producidos localmente cuando se destinen al mercado gibraltareño.
Aunque suena a IVA, no lo es. De hecho, para Londres y Gibraltar dejar al Peñón fuera del sistema europeo del IVA era una ‘línea roja’ cuyo cruce no iban a consentir. Y lo han logrado. Tampoco es un Impuesto a las Ventas (el Sales Tax estadounidense). Es un algo exclusivo de Gibraltar, que solo se aplica a las mercancías -no a los servicios- cuando pasan a formar parte del mercado gibraltareño. Entró en vigor el 10 de abril, con un tipo general del 15%, que subirá al 16% en 2027. En 2028 llegará al 17%, que será el definitivo, salvo que en la UE el tipo general de IVA sea más bajo, en cuyo caso caerá hasta ese nivel.
El objetivo no es recaudar, sino reducir la brecha fiscal con España y el resto de la UE. Y eso se nota especialmente en el tabaco, donde se establece una carga fiscal mínima de 115 euros por cada mil cigarrillos y un límite a la diferencia de precios con España de 80 céntimos por paquete o un 15% del precio de venta. También se establece un sistema de trazabilidad del tabaco equivalente al europeo, que obligará a Gibraltar a registrar el recorrido de los productos desde su importación o fabricación hasta su distribución, compartir información con las autoridades europeas y facilitar datos sobre importaciones, ventas, exportaciones y existencias.
Pero, en materia financiera, no hay cambios fiscales. Simplemente, Gibraltar se compromete a mantener una regulación equivalente a la europea en lucha contra el blanqueo de capitales y financiación del terrorismo, a intercambiar información con las autoridades comunitarias y a cooperar en investigaciones policiales y judiciales. También prevé mecanismos de consulta cuando una de las partes considere que una divergencia regulatoria puede generar una distorsión del mercado. El núcleo del modelo financiero gibraltareño no se toca.
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