El bloqueo del estrecho de Ormuz, a raíz del conflicto en Oriente Medio, está generando unos retrasos en la cadena de suministros y una escasez de insumos para la industria (las materias primas, como la energía, o bienes intermedios que necesitan para su producción), lo que ha generado la mayor inflación de costes de los últimos cuatro años, desde que estalló la guerra en Ucrania, y un encarecimiento sin precedentes de sus productos.
Los nuevos pedidos disminuyen por los altos precios y la incertidumbre
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El bloqueo del estrecho de Ormuz, a raíz del conflicto en Oriente Medio, está generando unos retrasos en la cadena de suministros y una escasez de insumos para la industria (las materias primas, como la energía, o bienes intermedios que necesitan para su producción), lo que ha generado la mayor inflación de costes de los últimos cuatro años, desde que estalló la guerra en Ucrania, y un encarecimiento sin precedentes de sus productos.
Según el índice PMI de la industria manufacturera española, publicado este lunes, «los precios pagados por los insumos aumentaron [en mayo] al ritmo más fuerte en cuatro años y a una de las tasas más altas registradas en la historia de la encuesta«, de ahí que los fabricantes se vieran obligados a elevar también sus precios finales para intentar proteger sus márgenes de beneficio. «La aceleración de la inflación observada en los últimos tres meses tampoco tiene precedentes desde que los datos empezaron a recopilarse a principios de 1998».
No obstante, esta subida de precios para compensar el aumento de costes no fue inocua para su actividad, sino que contribuyó a un enfriamiento de la demanda, también influido por la propia incertidumbre. «Los altos precios de venta lastraron las ventas», advierte el informe de la firma S&P, de forma que los nuevos pedidos recibidos disminuyeron con fuera por quinta vez en los últimos sesis meses. Las empresas admitieron que el debilitamiento fue tanto de la demanda nacional como de la internacional, ya que los pedidos para exportación se redujeron por noveno mes consecutivo.
Al recibir menos órdenes de compra, las fábricas produjeron menos en mayo y, según sus respuestas a las encuestas, son poco optimistas respecto a la evolución de la producción en los próximos meses, ya que creen que la incertidumbre y unos precios más elevados disuadirán a los consumidores de comprar.
Consecuencia de todo lo anterior es una evolución negativa del empleo industrial, con una disminución del personal en mayo por noveno mes consecutivo que las empresas atribuyeron a la falta de nuevos pedidos.
«La guerra en Oriente Medio, y en particular el estancamiento en las negociaciones entre Irán y Estados Unidos con respecto al paso de los buques por el estrecho de Ormuz, continuó influyendo notablemente en el desempeño del sector manufacturero en mayo. Se intensificaron los retrasos en la cadena de suministro, se informó de escasez de productos, los precios de los insumos aumentaron en mayor proporción y la incertidumbre persistente lastró la actividad del mercado en general», explican los autores sobre España.
El propio índice PMI se redujo de los 51,7 puntos de abril a los 51,2 de mayo, si bien sigue por encima del umbral de 50 puntos que delimita la frontera entre expansión y contracción del sector.
Paul Smith, director de Economía de S&P Global Market Intelligence, destacó que algunas empresas hicieron grandes «esfuerzos» para no repercutir la subida de costes a sus precios finales, ya que reconocen que la demanda «está bajo una fuerte presión».
Con todo, la industria española no fue la única que se vio perjudicada por el conflicto en Irán y el bloqueo de la cadena de suministros, sino que casi todo el sector en la UE sufrió el mismo problema, si bien su índice económico se sitúa de media por encima del nuestro (51,6 puntos) y el optimismo de media también es superior.
El análisis país por país muestra, sin embargo, que el comportamiento de la industria no fue homogéneo. En Francia, por ejemplo, el sector entró en contracción; en Alemania, el índice bajó al mínimo de los últimos cuatro meses hasta situarse justo en 50,1, en el límite entre el crecimiento y la contracción, lo que denota estancamiento; mientras que en Italia, por el contrario, sí repuntó el número de nuevos pedidos y aumentó la producción pese a la intensificación de la inflación y a los retrasos.
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