La distancia que separa al héroe del villano nunca estuvo clara. En su cuento Tema del traidor y del héroe, Borges imagina el argumento de un relato futuro, o quizá ya pasado. La historia, dice el autor, transcurre en un país oprimido. Pongamos Irlanda. Allí, el bisnieto del libertador Killpatrick investiga la muerte de su heroico antepasado. Y allí, el investigador descubre que el mayor de los héroes fue, en realidad y a la vez, el mayor de los traidores. Su muerte o, mejor, su suicidio no fue más que una estratagema para, pese a todo, salvar a la causa. Fue una estrategia ideada por el que descubriera la vileza y aceptada con heroísmo resignado, pero heroísmo al fin y al cabo, por la víctima. Y así, el traidor, que primero fue héroe, vuelve a ser héroe pese a su traición. O al revés.
Michael Sarnoski descarna hasta los huesos la leyenda del arquero de Sherwood de la mano de una agonizante y soberbia interpretación de Hugh Jackman
La distancia que separa al héroe del villano nunca estuvo clara. En su cuento Tema del traidor y del héroe, Borges imagina el argumento de un relato futuro, o quizá ya pasado. La historia, dice el autor, transcurre en un país oprimido. Pongamos Irlanda. Allí, el bisnieto del libertador Killpatrick investiga la muerte de su heroico antepasado. Y allí, el investigador descubre que el mayor de los héroes fue, en realidad y a la vez, el mayor de los traidores. Su muerte o, mejor, su suicidio no fue más que una estratagema para, pese a todo, salvar a la causa. Fue una estrategia ideada por el que descubriera la vileza y aceptada con heroísmo resignado, pero heroísmo al fin y al cabo, por la víctima. Y así, el traidor, que primero fue héroe, vuelve a ser héroe pese a su traición. O al revés.
En La muerte de Robin Hood Michael Sarnoski se descubre ante todos como un esmerado lector de Borges y lo que propone es algo así como la verdadera historia antes de la leyenda del protagonista de la mayor de las leyendas. Eso sí, la contraleyenda, llamémoslo así, no aspira ser ella misma la verdad sino algo más fino y hasta grave: un aviso y advertencia para todos aquellos demasiado proclives a dar por bueno cualquier bonito relato. El mito nos dice que el más bondadoso de los ladrones fue traicionado al final de sus días por la Priora prima suya que le acogió con la falsa intención de curarle. En realidad, acabó por literalmente desangrarle. Pero, ¿y si las cosas no fueran como nos las contaron? ¿Y si en el rigor de la edad media ser un bandido apenas daba para ser nada más que eso: un cruel ladrón sin más límite que el de su infinita crueldad?
Sobre este presupuesto, y siempre pendiente de los personajes al borde de sí mismos, el director de Pig y Un lugar tranquilo: día 1 acierta a construir un drama profundamente desalmado y, lo más importante, perfectamente consciente de sí. El Robin Hood que nos presenta no solo es exactamente el contrario de aquél en el que el cine insiste desde que en 1922 Allan Dwan le pusiera leotardos a Douglas Fairbanks (más de 100 versiones registra el asunto), sino que es un Robin Hood culpable y sabedor de todos los relatos heroicos que tergiversan cada una de sus villanías. Como el personaje de Borges sabe que lo que importa no es tanto la verdad como el relato. Y eso le hace tan perfectamente contemporáneo que hasta asusta.
Sarnoski se sirve de una cuidada ambientación miserabilista, antes que solo realista o naturalista, para desnudar cada una de nuestras convicciones y todas las mentiras que nos asisten. Antes y ahora. Se habla de un pasado sin tiempo, pero quién sabe si el argumento no es el mismo de todos los días. Es cierto que el afán por subrayar cada idea no siempre juega a favor, pero lo cierto es que la película se mantiene tan dolorosamente magnética en el fluir de la sangre, en el vapor de la niebla, en la humedad de los castillos y en cada gemido de Hugh Jackman que no queda otra morir con ella (que no necesariamente por ella). Y con él. Al final, la humanidad del villano es precisamente el rasgo más heroico de su heroísmo que nunca fue. Borgiano.
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Director: Michael Sarnoski. Intérpretes: Hugh Jackman, Jodie Comer, Bill Skarsgård. Duración: 123 minutos. Nacionalidad: Estados Unidos.
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