Como autocrítica, tenemos que trabajar más. Las leyes nos empujan a bajar el nivel (…) Cuando el alumno se enfrenta a un enunciado de medio folio se caga. Sabemos que, aunque lo trabajemos, el sistema va a empujar para que tú lo entiendas por él. Si no, ya te lo recordará la familia». La conversación con el docente que más respeto sobre los resultados del informe Pisa deja semejante descripción del fallo multiorgánico: una élite política deficiente que no legisla en favor de la calidad educativa, suprime los estándares de exigencia, desincentiva el esfuerzo de los niños, desautoriza y desmotiva al profesorado que, cuando trata de sobreponerse a todas las adversidades, se encuentra con el reproche de los padres. Y, encima, las pantallas.La digitalización en las aulas ha sido el chivo expiatorio de la catástrofe educativa que está viviendo España, porque tiene elementos comunes con otras economías avanzadas. Sin embargo, deberíamos preguntarnos por qué Corea del Sur y Estonia, dos de los países más tecnológicos del mundo, ocupan el segundo y el tercer lugar del ránking internacional. Conozco algo el caso asiático que, además de por sus avances en IA, tiene características muy singulares. El respeto al equipo docente no sólo se aplica en las aulas, sino a nivel sociolaboral. Quien tiene que educar a los hijos forma parte de la élite, porque así se lo exige también el país en términos de resultados educativos. La jornada más importante del año es la de su Selectividad.En algunos sitios, se restringe el espacio aéreo para no importunar a los estudiantes. Lamentablemente, el día de la entrega del examen de acceso a la universidad ha sido durante años el del récord de suicidios. Para muchos alumnos, el dolor por decepcionar a sus padres es insoportable. Los centros articulan campañas de vigilancia entre estudiantes para que se vigilen y den la alerta.Quizá no haya que llegar a tanto. Pero tampoco pensar que todo pasa por volver a la pluma y el tintero. Las pantallas sobran entre los alumnos, pero también entre los padres, que pierden atención, paciencia y, en muchos casos, creen que el profesorado es el servicio de atención al cliente de una compañía de teléfonos. Si algo ha distorsionado la digitalización son determinadas relaciones sociales. Los alumnos son eso, alumnos, no clientes ni usuarios.Y luego está la política. ¿Por qué nos resulta impensable que los partidos se comprometan a elevar un número determinado de puntos los resultados en Pisa? Igual por eso, porque prefieren comportarse como los alumnos ante un enunciado de medio folio.
Como autocrítica, tenemos que trabajar más. Las leyes nos empujan a bajar el nivel (…) Cuando el alumno se enfrenta a un enunciado de medio folio se caga. Sabemos que, aunque
Como autocrítica, tenemos que trabajar más. Las leyes nos empujan a bajar el nivel (…) Cuando el alumno se enfrenta a un enunciado de medio folio se caga. Sabemos que, aunque lo trabajemos, el sistema va a empujar para que tú lo entiendas por él. Si no, ya te lo recordará la familia». La conversación con el docente que más respeto sobre los resultados del informe Pisa deja semejante descripción del fallo multiorgánico: una élite política deficiente que no legisla en favor de la calidad educativa, suprime los estándares de exigencia, desincentiva el esfuerzo de los niños, desautoriza y desmotiva al profesorado que, cuando trata de sobreponerse a todas las adversidades, se encuentra con el reproche de los padres. Y, encima, las pantallas.
La digitalización en las aulas ha sido el chivo expiatorio de la catástrofe educativa que está viviendo España, porque tiene elementos comunes con otras economías avanzadas. Sin embargo, deberíamos preguntarnos por qué Corea del Sur y Estonia, dos de los países más tecnológicos del mundo, ocupan el segundo y el tercer lugar del ránking internacional. Conozco algo el caso asiático que, además de por sus avances en IA, tiene características muy singulares. El respeto al equipo docente no sólo se aplica en las aulas, sino a nivel sociolaboral. Quien tiene que educar a los hijos forma parte de la élite, porque así se lo exige también el país en términos de resultados educativos. La jornada más importante del año es la de su Selectividad.
En algunos sitios, se restringe el espacio aéreo para no importunar a los estudiantes. Lamentablemente, el día de la entrega del examen de acceso a la universidad ha sido durante años el del récord de suicidios. Para muchos alumnos, el dolor por decepcionar a sus padres es insoportable. Los centros articulan campañas de vigilancia entre estudiantes para que se vigilen y den la alerta.
Quizá no haya que llegar a tanto. Pero tampoco pensar que todo pasa por volver a la pluma y el tintero. Las pantallas sobran entre los alumnos, pero también entre los padres, que pierden atención, paciencia y, en muchos casos, creen que el profesorado es el servicio de atención al cliente de una compañía de teléfonos. Si algo ha distorsionado la digitalización son determinadas relaciones sociales. Los alumnos son eso, alumnos, no clientes ni usuarios.
Y luego está la política. ¿Por qué nos resulta impensable que los partidos se comprometan a elevar un número determinado de puntos los resultados en Pisa? Igual por eso, porque prefieren comportarse como los alumnos ante un enunciado de medio folio.
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