“La gente se ha acostumbrado a la guerra, esa es la parte más terrible de todo esto”, lamenta Alexánder, de 26 años, mientras camina por un apacible parque en Moscú, a cientos de metros de una inmensa columna de humo y fuego. Alrededor de 200 drones ucranios se abalanzaron este jueves sobre la capital rusa. Era uno de los mayores bombardeos ucranios de la guerra, y la Planta de Refinado de Moscú, un gigantesco complejo que suministra un tercio del combustible de esta megalópolis de 12 millones de habitantes, ardió. Era el segundo ataque contra esta gigantesca refinería esta semana.
El segundo ataque con drones contra la principal refinería de la capital en una semana golpea la economía del país y angustia a la población, pero la mayoría sigue apoyando la ofensiva bélica de Putin
“La gente se ha acostumbrado a la guerra, esa es la parte más terrible de todo esto”, lamenta Alexánder, de 26 años, mientras camina por un apacible parque en Moscú, a cientos de metros de una inmensa columna de humo y fuego. Alrededor de 200 drones ucranios se abalanzaron este jueves sobre la capital rusa. Era uno de los mayores bombardeos ucranios de la guerra, y la Planta de Refinado de Moscú, un gigantesco complejo que suministra un tercio del combustible de esta megalópolis de 12 millones de habitantes, ardió. Era el segundo ataque contra esta gigantesca refinería esta semana.
A pesar de que el Kremlin ha erizado su capital con varias líneas de defensas antiaéreas, algunos aparatos ucranios lograron atravesar las balas trazadoras y misiles ante la vista de los moscovitas. No sonaron las alarmas, las autoridades prefieren no asustar aún más a su población.
“Le he dicho que ha sido un rayo”, cuenta Valeria, madre de Masha, mientras pasean por el barrio de Kapotnia, donde está encajada la planta en el sureste de la ciudad. Las bombas cayeron entre las cuatro y las ocho de la mañana. “Ella dormía y no se enteró. Yo escuché las explosiones”, explica la mujer al relatar el enésimo ataque que sufre una ciudad que, hasta 2025, había vivido prácticamente al margen de la guerra con Ucrania. “Que se acabe ya esto”, suspira.
No ha habido víctimas en el que ha sido uno de los mayores bombardeos de Ucrania sobre Moscú en toda la guerra. El Ministerio de Defensa ruso asegura haber derribado 555 drones en todo el país, de los que 194 se dirigían a la capital. Hace justo un mes y un día, el 17 de mayo, Kiev respondía con otra oleada de un millar de drones a una nueva matanza de 24 civiles ucranios días antes. Aquella acción mató a tres personas en Moscú.
El ataque de este jueves, registrado en una zona a 15 kilómetros del Kremlin, forma parte de una campaña sistemática de bombardeos de Ucrania contra la producción de hidrocarburos rusa, pilar de los ingresos del Kremlin para proseguir la guerra en su quinto año. Además de reducir sus exportaciones, también hay problemas en el suministro de combustible en al menos 53 regiones rusas. Para evitar el colapso, las autoridades han impuesto límites a la venta de gasolina y diésel en 18 provincias.
Además, la presencia de drones también supone un duro golpe para el transporte ruso. Por los aeropuertos de Moscú pasan casi todos los vuelos del país, y su espacio aéreo es cerrado a menudo debido al riesgo de estos aparatos. “Nos avisaron de que nos desviaban a otra ciudad en mitad del vuelo. Llevo siete horas encerrado en el avión en San Petersburgo, y al final no despegamos a Moscú. He cogido un tren por la tarde”, cuenta un pasajero que volvía a la capital rusa desde Europa, vía Estambul por las sanciones, este jueves.
Los ataques son casi diarios. “Atacaron la refinería el martes, pero hoy le han dado bien”, afirma Viacheslav, taxista, mientras señala a través del cristal la inmensa columna de humo que se eleva sobre la refinería de Gazprom. Frente a su parabrisas se agita la cinta naranja y negra de la orden zarista de San Jorge, símbolo imperial que el Kremlin y el nacionalismo rusos han hecho suyos en las últimas décadas.

“Hay dos polos muy divididos en Rusia”, agrega el joven Alexánder. “Algunos están totalmente a favor de una movilización de la población, de bombardearlos a todos [los ucranios], mientras que otros no quieren que este horror continúe y rezan para que termine pronto”. Opositor al Kremlin, él se muestra pesimista sobre el futuro. “La guerra sigue en un punto muerto, así que habrá una escalada, repentina o gradual”.
No obstante, según las encuestas, es una minoría la población que rechaza la guerra y es crítica con el presidente, Vladímir Putin. Son muchos más los rusos a los que les gustaría firmar la paz ya pero solo en los términos que acepte su líder. Un sondeo realizado por el centro independiente Levada en mayo señala que un 74% de la población apoya las acciones de sus fuerzas armadas contra Ucrania, frente a un 17% de los encuestados que rechaza la invasión de su ejército.
Además, esta tendencia va en aumento y en los últimos tres meses se ha incrementado el apoyo de los rusos a sus soldados, según Levada. Aunque a seis de cada diez les gustaría negociar el fin de las hostilidades, un tercio prefiere continuar.
Muchos rusos que dicen desear la paz culpan a Kiev y a Occidente de la ofensiva total que Putin ordenó el 24 de febrero de 2022. Una invasión cuyo objetivo era “desmilitarizar” una Ucrania que por entonces solo pedía el retorno de Crimea a través de vías diplomáticas e imploraba a Europa el suministro de misiles antitanque portátiles Javelin para defenderse de una hipotética agresión rusa.
“Me gustaría que la guerra terminara pronto, pero Europa y Estados Unidos deben entrar en razón y dejar de armar al régimen fascista de Zelenski”, asevera Serguéi Viktoróvich, pensionista, mientras arden los depósitos alcanzados por drones de nueva generación ucranios.
A pesar de la propia invasión rusa de Ucrania y de ocupaciones anteriores soviéticas como las sufridas por los países bálticos, Finlandia o Hungría, Serguéi, como muchos rusos, opina que es Europa, y no Moscú, la culpable de la escalada de tensión en estos años.
“El historiador británico Arnold Toynbee escribió en su época: ‘Si somos honestos, debemos admitir que Rusia solo ha venido a Europa en dos ocasiones: en respuesta a nuestra agresión y a petición nuestra“, cita Serguéi, también crítico con Estados Unidos. “Trump tuvo su oportunidad. Se reunió con nuestro presidente en Anchorage, ¿y qué hizo después? Balbucear y no hacer nada. Y no hará nada porque persigue su propia agenda, mantener a Rusia y a Europa débiles», afirma.
“Trump necesita una escalada. Europa necesita una escalada. Nosotros no la necesitamos”, asegura Serguéi. “Y, por cierto, Hay que reconocer que España está manteniendo una postura más o menos equilibrada sobre este tema y la guerra de Irán. Europa no está unida, hay diferentes opiniones, y me gustaría que actuaran con sentido común y no se enfrentaran a Rusia ni ellos mismos ni a través de Ucrania”, dice, antes de despedirse con un “¡No pasarán!“.
El lema de la República Española es muy popular entre los rusos y su propaganda, que tacha al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, de fascista. Curiosamente, no suelen mencionar su paralelismo con Ucrania: la República resistió al ejército franquista mientras recibió armas de Occidente [Francia y Reino Unido] y solo sucumbió cuando esta ayuda cesó con el frente igualado.

Valentina, jubilada, vive en el barrio desde hace unos 10 años. “Es terrible, ojalá se acabe ya la guerra. Muere mucha gente, aquí y allí”, lamenta. Acaba de regresar de su dacha, la tradicional casa de campo rusa, y observa cómo la nube de humo se extiende sobre el cielo de Moscú. “Es cosa de políticos”, responde al ser preguntada quién debería dar el primer paso. “Europa debería dejar de enviar armas a Ucrania”, asevera.
Otros rusos exigen al Kremlin que intensifique aún más la guerra con la esperanza de salir de su punto muerto actual. “Si seguimos luchando así, la situación empeorará. Necesitamos una movilización general para ponerle fin”, manifiesta otro hombre que prefiere no decir su nombre.
“Necesitamos llevar a cabo una movilización y atacar a los países que suministran armas a Ucrania. Estos drones son de la OTAN, así que deben ser atacados. Sobre todo porque tenemos armas nucleares. Solo hay que decir lo que queremos y los demás se callarán”, añade con rotundidad, desde el anonimato.
“Si hubiéramos tenido un mejor presidente, la guerra ya habría terminado. Si Putin estuviera aquí mismo, se lo diría a la cara”, dice por su parte Alexéi, de 64 años, al echar en cara al Kremlin haber “perdido el tiempo con Trump”. “¿Te imaginas a Stalin negociando con Hitler? Tenemos un refrán en Rusia: ‘Si tienes miedo, no lo hagas. Y si lo haces, no tengas miedo”, añade.
“Todo el mundo se pregunta qué demonios está pasando”, dice Alexéi, y advierte: “Los proyectiles caen cada vez más cerca. Antes caían en algún lugar puntual; ahora están más y más cerca”.
“No necesitamos una movilización, necesitamos destruir a todos los que ayudan a Ucrania a atacarnos”, afirma. “Si yo fuera Putin, le habría dicho a Trump: ‘Camarada Trump, o dejas de suministrar armas a nuestros enemigos, o se las suministraremos a los tuyos. Armaremos a Cuba, Nicaragua, Venezuela. Irán hundirá su Sexta Flota’. Y luego les diría lo mismo a los británicos. ¿Por qué no quemamos algunas plantas británicas que suministran gas natural desde Noruega? Ojo por ojo“, añade.
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