La nueva aerolínea saudí, creada para competir con las poderosas Emirates y Qatar Airways, no opera actualmente desde la ciudad que le da nombre. Su flota se ha trasladado a otro lugar. Al menos durante los próximos días, los vuelos partirán de un aeropuerto situado a más de cuatro horas en coche de la capital. Y el próximo mes toca renovar la póliza de seguro contra los riesgos de guerra, unas negociaciones que se prevén delicadas y costosas para una compañía que su consejero delegado ha definido como «la mayor empresa emergente de la aviación mundial de la historia moderna».
Tras los misiles hutíes contra la terminal de Riad, la aerolínea del fondo PIF opera desde Al Qassim, a más de cuatro horas de distancia, y traslada a los pasajeros a la capital en autobús. La renovación de la póliza de seguro de guerra es el siguiente escollo
La nueva aerolínea saudí, creada para competir con las poderosas Emirates y Qatar Airways, no opera actualmente desde la ciudad que le da nombre. Su flota se ha trasladado a otro lugar. Al menos durante los próximos días, los vuelos partirán de un aeropuerto situado a más de cuatro horas en coche de la capital. Y el próximo mes toca renovar la póliza de seguro contra los riesgos de guerra, unas negociaciones que se prevén delicadas y costosas para una compañía que su consejero delegado ha definido como «la mayor empresa emergente de la aviación mundial de la historia moderna».
Los ataques con misiles de los rebeldes hutíes yemeníes contra las infraestructuras aeroportuarias de Arabia Saudí, país vecino, especialmente en Riad, con un balance de más de 15 muertos y 300 heridos, han puesto en entredicho los proyectos aeronáuticos y turísticos del reino saudí. En particular, los de Riyadh Air, una de las apuestas del país, que, tras meses de retrasos y un discreto estreno en pleno verano, se ve obligada ya a revisar sus planes en medio de un conflicto en el golfo Pérsico que en octubre ha llegado a sus puertas.
Por motivos de seguridad y también para proteger los aviones, activos valorados en más de 120 millones de dólares cada uno, Riyadh Air ha trasladado sus operaciones a Al Qassim, a unos 400 kilómetros al noroeste. «Desde el 25 de octubre y hasta nuevo aviso, operaremos exclusivamente vuelos con origen o destino en El Cairo, Daca, Yeda, Londres-Heathrow, Lahore e Islamabad a través de Al Qassim», confirma la aerolínea, que recientemente anunció la puesta en marcha de nuevas rutas, entre ellas una con Milán-Malpensa.
Los pasajeros que viajen a Riad deberán completar el trayecto en autobús, en un traslado gratuito que dura entre tres horas y media y cuatro horas y media. Lo mismo ocurre con quienes tengan que salir de la capital, que deberán desplazarse hasta Al Qassim en un servicio de transporte que parte de uno de los hoteles de la ciudad. La compañía ofrecerá bebidas y aperitivos gratuitos, según ha informado. Saudia, la aerolínea de bandera del país, también vende ahora billetes a la capital con escala en Al Qassim y un enlace por carretera.
Los datos de Cirium, empresa especializada en análisis del sector aeronáutico, muestran la magnitud del impacto. Entre el 8 y el 25 de octubre, de los 4.736 vuelos con salida desde el aeropuerto internacional Rey Khalid de Riad, se cancelaron 4.071, el 86%. En el conjunto de los aeropuertos saudíes, las cancelaciones afectaron a 7.802 de los 17.299 vuelos programados, el 45,1%. Si se incluyen también los vuelos de llegada, más de dos millones de personas no han podido viajar.
Hasta el 7 de octubre, la proporción de vuelos cancelados oscilaba entre el 5% y el 9% diario. El 8 de octubre se disparó al 32,2% y alcanzó un máximo del 60,2% el día 12. Desde entonces, se ha mantenido casi siempre por encima del 40%, con las excepciones del 17, el 23 y el 24 de octubre, cuando se desplomó el número de vuelos programados.
La situación varía considerablemente de un aeropuerto a otro. Yeda, el principal centro de conexiones del país, ha registrado la cancelación del 22% de sus vuelos. En Dammam, también atacado por los hutíes, la proporción asciende al 42,1%. Al Qassim, con un 8,8%, se encuentra entre los aeropuertos que mejor han resistido la crisis, lo que explica la elección de las aerolíneas. Algunos aeropuertos más pequeños están prácticamente paralizados: Najran registra un 100% de cancelaciones, Gizan un 98,8% y Yanbu un 88,7%.
Riyadh Air se ha visto especialmente afectada por las consecuencias de los ataques. En el mismo periodo, del 8 al 25 de octubre de 2026, la aerolínea canceló 101 de los 326 vuelos que tenía programados con salida desde aeropuertos saudíes, casi el 31%, mientras que otros 190 figuran como «no operados», según Cirium. En total, 291 vuelos no llegaron a despegar, lo que representa el 89,26% de los programados, debido a las restricciones regionales y al cierre temporal del aeropuerto de Riad.
El 8 de octubre, un ataque mató a un piloto de Saudia y destruyó un Airbus A320 en el propio aeropuerto de Riad. Al día siguiente, el consejero delegado de Riyadh Air, Tony Douglas, envió un mensaje a los empleados para tranquilizarlos sobre la seguridad de la sede. Sin embargo, menos de 24 horas después, el 10 de octubre, una nueva salva de misiles alcanzó la terminal y provocó el derrumbe de parte del edificio. El máximo responsable de la aerolínea, que anteriormente trabajó en Etihad Airways, envió entonces otro correo electrónico en el que pidió a la plantilla que permaneciera en casa al día siguiente.
El aeropuerto de Riad permaneció cerrado y reabrió ocho días después, aunque con operaciones limitadas. Sin embargo, la reapertura está resultando «teórica»: para operar vuelos comerciales ahora se necesita un permiso especial. Muchas aerolíneas han optado por no solicitarlo y han suspendido sus conexiones con la capital durante periodos que van de una semana a varios meses. Los hutíes han declarado que la aviación comercial constituye un objetivo legítimo.
Riyadh Air ha evacuado todos sus aviones de su base. El último Boeing 787 fue retirado después de que un misil le causara daños leves, mientras que el último aparato llegado desde Seattle fue desviado a Yeda. Se trata de un revés para una aerolínea a la que le está costando despegar. Anunciada en 2023, tenía previsto comenzar a operar a finales de 2024, pero los retrasos en las entregas de los aviones obligaron a aplazar su estreno.
Tampoco han faltado los errores operativos que han obligado a la aerolínea a realizar durante meses vuelos «fantasma» para conservar sus franjas horarias en el aeropuerto londinense de Heathrow. Entre el 26 de octubre de 2025 y principios de junio de 2026, se llevaron a cabo decenas de vuelos de ida y vuelta a la capital británica en los que solo viajaban empleados, invitados especiales, personalidades políticas, representantes de los medios de comunicación y socios de la compañía. El primer vuelo comercial con pasajeros de pago tuvo lugar el 10 de julio de 2026, en la ruta entre Riad y Londres-Heathrow.
Creada con financiación del fondo soberano saudí PIF, Riyadh Air tiene el objetivo estratégico de competir con Emirates y Qatar Airways, las aerolíneas del golfo Pérsico que llevan tres décadas aprovechando su posición geográfica entre Europa y Asia. La compañía ha encargado 122 aviones, entre ellos Airbus A321neo, A350 y Boeing 787, y ha firmado opciones de compra para otros 52. Saudia, que depende de una estructura de propiedad separada, ha optado por atender la demanda interna, desde los trabajadores del sector petrolero hasta los peregrinos, y mantiene el grueso de sus operaciones en Yeda.
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