La inflación en la Eurozona escaló en mayo al 3,2% frente al 3% en abril, un acelerón motivado por el alza de precios en países como Bulgaria, Lituania y Grecia, donde el índice supera el 5%, y que facilita al Banco Central Europeo (BCE) la decisión de subir los tipos de interés en su próxima reunión de política monetaria, agendada para el 11 de junio.
La energía es el componente que exhibe la tasa más elevada en mayo, pero lo que más se acelera es el alza de precios de los servicios
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La inflación en la Eurozona escaló en mayo al 3,2% frente al 3% en abril, un acelerón motivado por el alza de precios en países como Bulgaria, Lituania y Grecia, donde el índice supera el 5%, y que facilita al Banco Central Europeo (BCE) la decisión de subir los tipos de interés en su próxima reunión de política monetaria, agendada para el 11 de junio.
El IPC europeo encadena así cuatro meses consecutivos de incrementos y se ha elevado en 1,5 puntos en este periodo, hasta su cota más alta desde septiembre de 2023, cuando el continente empezaba a salir de la ola inflacionista que desató la invasión de Ucrania un año antes.
La energía es el componente que exhibe la tasa más elevada en mayo (del 10,9% en comparación con el mismo mes del año anterior pero sólo una décima más que en abril), seguida de los servicios (3,5%, medio punto más que en abril), los alimentos, alcohol y tabaco (2%) y los bienes industrias no energéticos (0,9%), según ha detallado Eurostat este martes. Son los servicios los que presentaron el mayor salto de inflación, lo que puede apuntar a la subida de precios propia de Semana Santa o a un primer singo de contagio del encarecimiento energético.
«El aumento adicional de la inflación general y, en particular, de los servicios en mayo refuerza la necesidad de que el BCE suba los tipos de interés y sugiere que los riesgos al alza para la inflación subyacente podrían ser mayores de lo que anticipábamos. La inflación general de la zona euro -que ya había subido del 1,9% en febrero al 3,0% en abril- subió al 3,2% en mayo. Aunque coincide con la previsión de consenso, fue un poco más alto de lo que esperábamos desde que supimos la semana pasada que la inflación había caído en Alemania (…) Es probable que la inflación energética baje durante el resto de este año, incluso si los precios del crudo y el gas natural no bajan. Pero la inflación alimentaria probablemente se recuperará y la inflación subyacente también podría tender a alza en los próximos meses. Solo hemos previsto dos subidas de tipos de 25 puntos básicos por parte del BCE este año, pero los riesgos para esta previsión parecen estar sesgados hacia el alza», valoró este martes la consultora británica Capital Economics.
Carsten Brzeski, jefe global de Macroeconomía de ING, coincide en que este dato «refuerza el argumento» para la subida de tipos del BCE la próxima semana. «Con la guerra en Oriente Medio entrando en su cuarto mes, el choque de precios de la energía se ha vuelto más permanente, aunque los precios del petróleo son en realidad más bajos de lo que muchos habían imaginado para un escenario más adverso respecto a la duración de la guerra. Por eso también no habrá un cambio automático en los escenarios de inflación y crecimiento en la reunión del BCE la próxima semana. Sin embargo, para la inflación en la eurozona, la única vía es actualmente al alza. No será una subida brusca, sino un incremento moderado y gradual. Aunque los efectos secundarios de los precios más altos de la energía sobre otros precios, como el transporte y la alimentación, serán difíciles de evitar, las últimas expectativas de inflación basadas en encuestas han bajado un poco. Las expectativas de precios de venta tanto en la industria como en los servicios, pero también las propias expectativas de inflación al consumidor a largo plazo del BCE, cayeron ligeramente en mayo (…) Lo suficiente para respaldar nuestra visión de un aumento solo gradual y limitado de la inflación en los próximos meses».
El motivo por el que los expertos son cautos respecto a la evolución prevista de la inflación en los próximos meses es principalmente la ausencia de un apoyo fiscal sustancial, como la que hubo hace cuatro años, y el hecho de que existan ratios de ahorro mucho más bajos en las familias que entonces, lo que podría limitar la capacidad de consumo y frenar la espiral inflacionista.
Otro elemento diferencial es que la inflación de la Eurozona ya superaba el 4% interanual cuando llegó el choque de precios de la energía en el año 2022 y que el BCE no reaccionó elevando los tipos de interés hasta julio de ese año, cuando la inflación ya superaba el 8% interanual. «En aquella época, menos del 25% de los principales componentes de inflación tenían una tasa de inflación inferior al 1% interanual. En abril de este año, eran el 50%», recuerda el experto de ING.
Todo esto no significa que el BCE no vaya a subir los tipos la próxima semana, admite, pero sí que implica que no son necesarias «subidas agresivas» como entonces. «Incluso si la guerra en Oriente Medio terminara mañana, el daño a la inflación ya está hecho. La inflación ha comenzado -y seguirá haciéndolo- afectando a la economía de la eurozona. La única cuestión es si entrará en la categoría de ‘transitoria’ o si las interrupciones en la cadena de suministro podrían crear más efectos en cadena que ‘solo’ en los precios del transporte y los alimentos. Dada la experiencia de 2022, es probable que el BCE opte por una subida de tipos. No es que vaya a afectar mucho a las expectativas de inflación, pero sería un movimiento simbólico, que subrayaría la determinación del BCE de actuar».
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