¿Se puede ahorrar de forma estricta durante sus veintes con la actual incertidumbre económica y el alto coste de vida? Después de una «terapia de choque», Blanca (23 años) puede decir que es posible. «Nunca tuve esa fase de trabajar con un buen sueldo mientras estaba con mis padres para poder ahorrar», cuenta. A pesar de que llevaba trabajando desde los 16 años en Madrid en cadenas de tiendas de moda o dando clases particulares de inglés y música, «cuando salí de casa a los 20 años tenía un fondo de ahorro súper pequeño y se me hizo bola pagar alquiler, comida, gastos… todo al principio», recuerda.
Logró ser consciente de cómo manejar su dinero y construir su patrimonio, pero no sin antes pasar por la terapia de choque de independizarse con poco dinero
¿Se puede ahorrar de forma estricta durante sus veintes con la actual incertidumbre económica y el alto coste de vida? Después de una «terapia de choque», Blanca (23 años) puede decir que es posible. «Nunca tuve esa fase de trabajar con un buen sueldo mientras estaba con mis padres para poder ahorrar», cuenta. A pesar de que llevaba trabajando desde los 16 años en Madrid en cadenas de tiendas de moda o dando clases particulares de inglés y música, «cuando salí de casa a los 20 años tenía un fondo de ahorro súper pequeño y se me hizo bola pagar alquiler, comida, gastos… todo al principio», recuerda.
Blanca sabía (como todos) que dejar la casa familiar no sería fácil, pero era necesario. Tenía que mudarse a Atenas por un año para dar el salto a un contrato estable como azafata de vuelo. «Pensaba que el colchón de ahorros me iba a durar mucho más de lo que duró. Vi el coste de la vida y los gastos inesperados que surgen y dije ‘vaya, resulta que no tengo todo el dinero que pensaba'», cuenta. «El ahorro y el manejo del dinero no es algo que hemos hablado con mis padres, así que siempre he sabido que tengo que ahorrar -y cuando era menor de edad ahorraba para objetivos específicos como sacarse el carné de conducir-, pero nadie me explicó cómo hacerlo con mi primera nómina o dónde invertirlo».
De hecho, las conversaciones sobre dinero no suelen ser frecuentes en las mesas de los españoles, por lo que las nuevas generaciones no crecen con herramientas para hacer crecer su patrimonio. «Es un tema cultural», apuntaba a EL MUNDO Silvia Llorens, coach financiera. «Antes, los padres en casa no hablaban de dinero y, dependía en qué escala social te veías, el hablar de dinero estaba mal visto», por lo que mantenerlo como un tema tabú a veces hace perder más dinero del que se cree. Según el IX Barómetro del Ahorro elaborado por Inverco, los jóvenes ahorran, generalmente, sin un fin concreto y la mayoría lo hace a través de depósitos y cuentas a la vista. Falta sofisticación a la hora de afrontar una inversión con el objetivo de no perder poder adquisitivo como consecuencia de la inflación, ya que el nueve de cada 10 ahorradores de la Generación Z dice tener su dinero en productos con escasa remuneración, seguido de un 49% que invierte en fondos, por solo un tercio con planes de pensiones o seguros de ahorro.
Luego de que casi se le acabara el colchón de emergencias que tenía y vivir al límite, Blanca sabía que tenía que ponerse en serio con sus cuentas y, aunque no era un tema que solía hablar con sus padres, una prima cercana se convirtió en su referente financiero. «Le pregunté un día desesperada porque no sabía cómo organizar la vida adulta», recuerda. «Empecé apuntando todo lo que gasto en un año (alquiler, comida, seguro del coche, gasolina…). El ahorro yo lo cuento como un gasto», detalla. Hasta construir su colchón de emergencia de seis meses a un año, mantiene el dinero en una cuenta de ahorros y completamente diferente a la principal para no verlo. «Es la forma en la que mejor me funciona para olvidarme de ese dinero. No lo veo. No existe», asegura. «Es importante ser constante, aunque sea un poquito todos los meses ir apartando porque al final es algo que, cuando lo haces a largo plazo, suma mucho».
En general, ¿dónde tienen sus ahorros? La Encuesta Financiera de las Familias incide en una obviedad que es extensible al resto de la sociedad española y es que, mayoritariamente, los jóvenes tienen su dinero en la cuenta corriente del banco, como Blanca. Solo un 9% dice tener acciones cotizadas en las bolsas internacionales, un 7,4% tiene fondos de inversión y el 1,5% invierte en renta fija. De media, en la cuenta del banco los jóvenes tienen 5.000 euros, otros 4.000 en acciones de compañías cotizadas y otros 8.400 en fondos de inversión.
Por otro lado, para el manejo de las finanzas también es importante considerar cuánto deben los jóvenes en estos días. En general, las nuevas generaciones tienen hipotecas y, por ende, una deuda con el banco que afecta a una cuarta parte de todos los hogares cuyos miembros tienen menos de 35 años. La cifra ha subido cinco puntos porcentuales frente al 20% de quienes tenían una hipoteca dos años atrás, al tiempo que la deuda también aumenta al calor de la subida de precios vista en el mercado inmobiliario. Las familias de menos de 35 años deben unos 90.000 euros para adquirir vivienda. Además, cerca de un tercio de este grupo de edad ha solicitado un préstamo personal, por un valor medio de unos 5.800 euros.
Y es que parece que no se podemos hablar de ahorro sin hablar de vivienda… al menos no en España, que históricamente es un país que confía mucho en los rendimiento del ladrillo, aunque se empieza a escapar de las manos de los más jóvenes. Su ahorro se ve limitado no solo por una cuestión de edad, sino también por salario y por la falta de una vivienda en propiedad que es lo que en los últimos años ha abierto la brecha de riqueza entre las familias españolas.
Según la Encuesta Financiera de las Familias 2024, publicada por el Banco de España, los hogares más jóvenes de nuestro país cuentan con una riqueza mediana de 22.900 euros, esto es cerca de cuatro veces menos que el grupo inmediatamente posterior, el de hogares cuyos miembros tienen entre 35 y 45 años, con algo más de 80.000 euros. Y es la tendencia de fondo lo que preocupa realmente. Desde el año 2020 los españoles menores de 35 años han visto decrecer su riqueza en un 20%, frente al resto de generaciones más mayores con la sola excepción de los millenials que también pierden patrimonio con el paso del tiempo.
«En mercados con un coste de vida tan elevado, el objetivo inicial no debería ser ahorrar grandes cantidades, sino adquirir el hábito de hacerlo de forma constante. Aunque solo puedan destinar un 5 % o un 10 % de sus ingresos al ahorro, lo importante es generar disciplina y automatizar ese proceso», explica Elizabeth Wakefield, CEO de Finanzas Conscientes e Independencia Financiera School. «También resulta fundamental revisar los grandes gastos como vivienda, transporte o financiación, porque son los que realmente determinan la capacidad de ahorro a largo plazo, mucho más que los pequeños gastos cotidianos». Precisamente es lo que Blanca ha puesto en práctica ahora que vive en Canarias, uno de los focos turísticos donde «evidentemente la temporada de verano se nota en los precios, sobre todo en el alquiler», menciona. Sin embargo, «soy una persona que gasta poco fuera de los gastos básicos». Lo que sí hace es calcular que sus gastos personales sean equivalentes al salario mínimo. «Si yo el día de mañana no tuviese empleo y tuviese que cobrar el paro, sé que con eso podría cubrir todos mis gastos», dice.
Cuando se habla de ahorro, inevitablemente llega una de las preguntas que más crece en las nuevas generaciones cuando se habla de dinero. ¿Es necesario invertir? Porque del ahorro a la inversión hay un paso, pero un paso que debe pensarse muy bien. «Una vez que tenga un buen colchón económico, mi intención es invertir en fondos de interés compuesto para que el día de mañana cuando me jubile yo tener ahí mis ahorros», cuenta. «La gracia del interés compuesto es que lo dejes ahí el máximo tiempo posible, no es un dinero como que ya lo meto en una cuenta de ahorros y lo saco mañana».
De quienes apuestan por invertir en bolsa, ya son cuatro de cada 10 jóvenes y un 21% tiene renta fija, entre bonos públicos y de compañías privadas, según los datos de Inverco. Estas cifras van directamente ligadas a la educación y al conocimiento financiero que manifiestan tener. El barómetro recoge que cerca de un tercio de la Generación Z reconoce tener un conocimiento adecuado de productos financieros como fondos de inversión o renta variable. Sin embargo, las redes sociales tienen un gran papel en las decisiones que toman las nuevas generaciones, sobre todo en cuanto a inversión al aumentarse el contenido de finfluencers.
Por un lado, esta es una oportunidad para conocer más sobre conceptos, metodologías o simplemente iniciar la conversación del dinero. «Estoy muy agradecida por cosas como el internet y las redes sociales, porque yo he descubierto mucho, como libros y personas a las que sigo para informarme de estos temas», reconoce Blanca. Pero, por otro lado, los creadores de contenido sobre finanzas personales con poca experiencia venden la idea errónea de que invirtiendo poco dinero se pueden obtener grandes resultados en muy poco tiempo. Una vez más, este comportamiento corresponde a una «falsa seguridad» que puede poner en riesgo el presupuesto para futuros planes.
Vea el siguiente capítulo de No es país para jóvenes con la historia de Helena Córdoba, que dio el salto para emprender a los 22 años.
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