El avión permaneció cinco horas y media inmovilizado en la pista de Orio al Serio (Italia), con el tren de aterrizaje seriamente dañado, los neumáticos destrozados y una huella de 450 metros sobre el asfalto. Casi dos años después de aquel accidente, ocurrido el 1 de octubre de 2024, la Agencia Nacional para la Seguridad del Vuelo italiana ha publicado su informe definitivo y señala como causa el bloqueo de las ruedas durante el aterrizaje.
La investigación atribuye el reventón de los neumáticos al bloqueo de las ruedas durante el aterrizaje y recomienda reforzar la formación de los pilotos
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El avión permaneció cinco horas y media inmovilizado en la pista de Orio al Serio (Italia), con el tren de aterrizaje seriamente dañado, los neumáticos destrozados y una huella de 450 metros sobre el asfalto. Casi dos años después de aquel accidente, ocurrido el 1 de octubre de 2024, la Agencia Nacional para la Seguridad del Vuelo italiana ha publicado su informe definitivo y señala como causa el bloqueo de las ruedas durante el aterrizaje.
Son las 7.55 y el Boeing 737 Max del vuelo Ryanair FR 846, procedente de Barcelona-El Prat, con 162 pasajeros y seis miembros de la tripulación a bordo, inicia el aterrizaje. El avión acaba de tocar tierra cuando la torre de control observa fuego. Los pilotos escuchan un estallido en la parte trasera izquierda y después otros en la derecha. El aparato completa sin contratiempos la maniobra de aterrizaje pese a que los dos neumáticos derechos del tren trasero han desaparecido por completo. Los pasajeros no se dan cuenta de nada y no hay heridos. El motor izquierdo queda a 25 centímetros del suelo, aunque en ningún momento llega a tocar la pista.
A las 8.40, los pasajeros son desembarcados y trasladados hacia la terminal. La actividad del aeropuerto queda paralizada. Para esa jornada estaban previstas 308 operaciones entre salidas y llegadas. A las 13.30, el avión es trasladado al hangar de Ryanair y los técnicos de mantenimiento de la empresa Seas comienzan las reparaciones. Dentro de la terminal reina el caos absoluto, con pasajeros cuyos vuelos han sido cancelados intentando averiguar qué hacer. Las llegadas son desviadas a Verona o Malpensa, los autobuses alternativos realizan 22 trayectos y para hacer frente a la emergencia se movilizan 120 personas entre personal de Orio, Enac y empresas externas. El aeropuerto reabre a las 19.39. Se cancelan 129 vuelos y unos 21.000 pasajeros se ven afectados.
Un equipo de investigación de la Ansv se desplaza inmediatamente hasta el lugar para realizar las inspecciones técnicas de la pista y del avión. Se recuperan los registradores de vuelo para analizar los parámetros del aterrizaje y las conversaciones en cabina.
Este es el diálogo mantenido durante los minutos del aterrizaje.
A las 7.55.31, torre de control (Tdc) «De acuerdo, hemos visto fuego en los motores. ¿Habéis hecho un backtrack [maniobra en la que un avión rueda por la pista en dirección contraria a la del despegue o aterrizaje]?»
Piloto. «Negativo, tenemos problemas con los frenos». Once segundos después añade «Torre, ¿qué veis, por favor?»
Tdc. «He visto algo parecido a una explosión y fuego. Parece proceder del motor, pero no estoy seguro».
Piloto, 28 segundos después. «Necesitamos asistencia. Por el momento no podemos movernos por nuestros propios medios».
Tdc. «Sí, no hay problema. Mantened la posición, llegan los bomberos». Treinta y tres segundos después añade «Mirando la pista veo restos de neumático, creo que unos 220 metros detrás de vosotros. Quizá haya sido una explosión de los neumáticos».
Piloto. «Sí, gracias».
Los técnicos analizaron el estado del avión y de sus equipos de a bordo, las intervenciones realizadas durante las horas previas al despegue desde España y las comunicaciones mantenidas en la cabina.
Toda la investigación gira en torno al anti-skid, el sistema que impide que las ruedas del tren de aterrizaje patinen sobre el asfalto durante la toma de tierra. El Ryanair bloqueó las ruedas durante el aterrizaje porque volaba con el sistema desactivado y la tripulación frenó antes de que el aparato se hubiera estabilizado por completo sobre la pista.
Antes de despegar desde España, los técnicos habían detectado un problema en el anti-skid y, para permitir el vuelo de regreso, se desactivaron los dos canales del sistema, pese a que las señales de avería apuntaban únicamente a un problema en el canal interno. La investigación ha descubierto una contradicción entre el manual de mantenimiento y la lista de equipamiento mínimo. Esto llevó a los técnicos a desconectar todo el sistema en lugar de aislar únicamente la parte averiada.
Durante el contacto con la pista de Orio, los pilotos presionaron de manera involuntaria los pedales de freno antes de que el avión estuviera completamente apoyado sobre el suelo. Al no estar activa la protección, las pinzas de los frenos bloquearon inmediatamente las ruedas. Además, los spoilers -los aerofrenos situados sobre las alas- no se desplegaron a tiempo de forma manual, lo que retrasó la transferencia del peso del avión hacia unas ruedas que ya estaban completamente bloqueadas. Como consecuencia, los neumáticos dejaron de girar y comenzaron a arrastrarse sobre el asfalto.
Una vez concluidas las comprobaciones, la Ansv emitió varias recomendaciones de seguridad. A Boeing le pide que sus manuales aclaren y unifiquen los procedimientos de mantenimiento para evitar que una avería parcial provoque la desactivación completa del anti-skid. A las compañías aéreas les recomienda incorporar a los simuladores de vuelo sesiones específicas para que los pilotos practiquen aterrizajes sin el sistema antibloqueo, ante la «falta o insuficiencia de formación de la tripulación» en este aspecto, así como revisar la secuencia de órdenes para activar manualmente los aerofrenos en situaciones de emergencia.
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